Por Alberto Gutiérrez Barbero
Los libros sobre temas que nos gustan son constantes amigos que proporcionan momentos agradables sin pedir nada en cambio. Y lo cierto es que durante mi adolescencia algo de lo leído influyó en mi inclinación hacia la carrera naval. En Octubre 1 de 1957 comencé mis estudios en la Academia Naval junto a otros jóvenes que también habían pasado satisfactoriamente los exámenes requeridos para cubrir 25 plazas de guardiamarinas. Situado en Mariel, Provincia de Pinar del Río, el entonces centro docente más prestigioso de Cuba en el orden militar se destacaba por el Palacio Rubens, el edificio principal, y una singular escalinata .También sobresalían un museo de historia natural y una biblioteca. En cuestión de pocas décadas al empujarse el país hacia el abismo todo aquello serían ruinas.
Casualmente parte de aquellos exámenes habían coincidido con un levantamiento contra el Dictador/Presidente Fulgencio Batista el 5 de Septiembre. Coordinado por el Movimiento 26 Julio de haberse realizado de la manera trazada es probable que hubiera prevalecido. Pero desde la Sierra Maestra el tirano en embrión criticaba a todo lo que pudiera ser un obstáculo a su ambición de poder absoluto. Y pienso que el fracaso en Cienfuegos y el arresto de un número considerable de oficiales navales implicados fué premeditado. Las muertes que causa una reacción oficial siempre son útiles a la oposición que las provoca.
Nuestro preludio como miembros de la Promoción XV en la Academia Naval fué la adaptación al pabellón que compartiríamos con la Promoción XIII -los guardiamarinas superiores. A pesar de haber obtenido Pedro Hoyos las notas más altas, se designó brigadier a Juan Cosculluela, un alumno mercante que también había aprobado los exámenes. Y en definitiva incluyendo los admitidos por decreto presidencial llegamos a ser un total de 40 guardiamarinas. Entre ellos Edward Porro, Carlos Marqués , Teodoro Curbelo y por supuesto Fernando Delgado, quién llegaría a ser un compañero entrañable . Por varias semanas mi torpeza al ser cabo al frente de una escuadra de mi promoción fué motivo para que miembros de la Promoción XIII me acecharan. Yo amedrentado casi siempre me equivocaba. Pero vencí aquella y otras dificultades que determinaban parte del círculo vicioso de reportes y plantones. También paulatinamente prevalecí durante las inspecciones. Aunque no al bañarnos porque los guardiamarinas superiores nos limitaban el tiempo. Peor aún era después del toque de diana el obtener un espacio frente a un lavabo. Parecía como un favor feudal que nos ofrecían luego que corríamos al objetivo con los artículos de aseo personal. A causa de aquellas carreras circuló una caricatura con una leyenda alusiva a uno de los nuevos guardiamarinas y fuimos confinados al pabellón por dos días, pero el dibujante -otro recién admitido - no tuvo la hombría de confesar su "arte". Muy pronto los apodos abundaron en la promoción y la caricatura determinó el apodo del aludido. Al yo ser oriundo de la Provincia de Pinar de Río alguien me llamó guajiro y pasé a ser el "Guajiro" Barbero. Nunca lo aplaudí, pero por regionalismo lo toleré ya que me diferenciaba de los "civilizados". No obstante deploro aquella licencia propia de una escuela primaria, parte de la idiosincrasia del choteo y falta de seriedad que aún afecta al cubano. Sin siquiera sospecharlo algunos profesores y otros oficiales también adquirieron sobrenombres.
Que durante el día designado para celebrar las novatadas los guardiamarinas superiores entre otras cosas una y otra vez nos ordenaran gritar "cua-cuá" tirados en el piso,o que recibiéramos sus golpes de almohada mientras nos hacían correr por el pabellón, me pareció estúpido. Una de las "geniales" ocurrencias en el polígono fué que yo boxeara con los ojos vendados. Mi oponente también vendado se las arregló para pegarme un rotundo golpe en la nariz. Al quitarme la venda comprobé que en vez de sangre tenía el mentón cubierto de mocos.
No aseguro que en la Academia Naval los excesos disciplinarios de guardiamarinas superiores o de mayor rango se permitieran como una tradición. Pero varias veces en 1957 expuse mi rechazo ante el Alférez de Navío Orlando Delgado, el oficial encargado de los guardiamarinas, por lo que creí incorrecto y me afectaba. En conclusión él me contestó que yo me quejaba mucho y no volví a dirigirle la palabra.
Excluyendo una especie de ropa vieja que le llamábamos "limpia uña" y alguno que otro manjar, la comida en la Academia Naval era satisfactoria. Y el "reenganche" con la cooperación de los camareros se permitía mientras había arroz y frijoles en la cocina. La mayor rigidez se mantenía en las aulas. Dentro de mis limitaciones deseaba llegar a ser lo más competente posible en la carrera naval, y me impacientaba el estudiar mucho de lo que en el mar sería irrelevante .Tampoco me impresionaba que hubieran "íconos" muy doctos, pero incapaces de transmitir con eficacia sus conocimientos. Hay millones de maestros , pero no todos los seres humanos tenemos el don de enseñar con la efectividad necesaria. Y aquél que suspende a sus alumnos "al por mayor" así lo demuestra. A pesar de que mi aplicación como estudiante disminuyó, exceptuando Higiene Naval ,el Némesis de gran parte de la promoción, aprobé las asignaturas del primer año sin grandes dificultades. Luego que nos limitaron las vacaciones de verano para repasar la maldita asignatura yo la pasé "por los pelos", pero tan contrariado como cuando comencé a estudiarla. También aquel verano al continuar el deterioro del panorama político nacional se canceló nuestro viaje de instrucción alrededor de Cuba. Y para mayor tranquilidad en el pabellón sé graduó la Promoción XIII.
-La Promoción XV comenzó el segundo año de estudios en Septiembre de 1958 reducida por los licenciamientos de los que habían reprobado asignaturas. Perdí mi posición de cabo y francamente no me importó. Los había más inteligentes que yo. Otros sacrificaban muchas horas de sueño estudiando para obtener buenas notas. Cuando fué pertinente traté de mantener con los guardiamarinas de la Promoción XVII las disposiciones de la Academia Naval sin llegar al abuso de autoridad. Espero haberlo logrado. Creo que la disciplina militar simplemente es la obediencia al conjunto de leyes y reglamentos que rigen a los cuerpos armados. El resto sobra.
-En Enero 1 de 1959 el ímpetus revolucionario respaldado por la mayoría del pueblo
cubano y el Departamento de Estado en Washington terminó lo que había comenzado
el 10 de Marzo de 1952 con una asonada militar. Aunque no descarto las
posibilidades de una velada cooperación desde otros sectores extranjeros.
Aquella mañana el Capitán de Navío Mario Menéndez , el director de la Academia
Naval, pasó por mi lado vestido con una guayabera blanca. En cuestión de horas
fué arrestado.
La Promoción XV al igual que casi todos los estudiantes navales se
mantuvo acuartelada observando la dinámica de los acontecimientos. Luego de los cambios de mandos y otros ajustes
finalmente obtuvimos un permiso de salida. Ya el color kaki se asociaba a "los
esbirros del pasado", y mi breve estancia en la ciudad de Pinar del Río vestido
de azul de invierno coincidió con el epílogo de la marcha triunfal del
proclamado máximo líder a lo largo del territorio cubano. Dije entonces que
aquel era "el mismo perro con distinto collar", pero hoy mirando hacia atrás
reconozco que me quedé muy corto en la apreciación.
Los oficiales navales
infestados por la fiebre revolucionaria , y en particular algunos que habían
sido miembros de la Promoción X de Guardiamarinas y que temporalmente estaban a
cargo de la Marina de Guerra, no tardaron en demostrar que también en la
Academia Naval la revolución iba de la mano del odio y la venganza
indiscriminada. En Febrero 13 la Promoción XV fué simbólicamente fusilada cuando
en cumplimiento de la "ley de la Sierra" nos destituyeron como guardiamarinas.
Mientras algunos quedaron en la calle, al resto se nos ofreció la opción
de finalizar de manera parcial los estudios junto a seis alumnos mercantes de la
Promoción XVI , luego que la "limpieza" también incluyera al 80% de esa
promoción y a los guardiamarinas de la Promoción XVII.
En breve los alumnos
mercantes de la Promoción XIV lograrían graduarse, pero la facción inclinada a
la revolución obtendría la barra de alférez de fragata . De ser posible en
cuanto ordene otros de mis pensamientos continuaré con una segunda parte que
pertenece a la Promoción ""XVI"", entre comillas dos veces para que no quepa
dudas que fué algo forzado, híbrido y consecuencia de nuestra transferencia a la
Academia de la Marina Mercante.
Muchos han sido los ejecutados por la revolución
y lanzados como cuerpos anónimos en fosas comunes para que no puedan ser
identificados. A la Promoción XV le sucedió algo parecido. De acuerdo a la
información adulterada en mi certificado de licenciamiento yo fui alumno de
náutica, jamás guardiamarina.
Cordialmente
Alberto Gutiérrez Barbero