CUBA: LA TRANSICIÓN O EL DESASTRE
>
> Por Carlos Alberto Montaner
> "Cuba: de la dictadura a la democracia"
> Fundación Internacional para la Libertad
> Fundación Iberoamerica- Europa
> Madrid, 7 de julio de 2008
> Infosearch:
> José F. Sánchez
> Analista
> Jefe de Buró
> Cuba
> Dept. de Investigaciones
> La Nueva Cuba
> Junio 7, 2008
>
> En 1950, Akira Kurosawa estrenó Rashomon, una inquietante película ambientada
en
> el siglo XII, en la que cuatro protagonistas de un horrendo crimen aportaban
sus
> versiones contradictorias sobre lo que realmente había sucedido. Para
> enfrentarse a la situación cubana actual y a su posible desenlace, tal vez sea
> un buen procedimiento adoptar la técnica del director japonés e intentar
> colocarnos en el papel de cada uno de los actores fundamentales de este viejo
e
> inacabable drama.
>
> Fidel Castro, visión y misión
> Comencemos por Fidel Castro. Es el más vistoso, ubicuo e inevitable de todos
los
> cubanos. Le dio sentido y forma a la revolución. Lleva medio siglo instalado
en
> los titulares de toda la prensa y su pintoresca imagen es la más conocida de
> toda la fauna política planetaria. A sus casi 82 años, agoniza lentamente en
La
> Habana devorado por un cáncer intestinal que hizo metástasis, y del que fue
> necesario operarlo (sin mucha fortuna) en verano del 2006. En diciembre del
> 2007, finalmente, aceptó que no podía volver a dirigir el gobierno, pero no se
> resigna a perder el poder: un poder que ha ejercido sin limitaciones ni
> contrapesos desde 1959. Ante esta situación, su hermano y heredero, el general
> Raúl Castro, cuando asumió la presidencia propuso consultarle todos los
asuntos
> fundamentales que debe afrontar el país. Para formalizar el acuerdo, le pidió
> autorización al parlamento cubano que, de inmediato, se lo concedió,
obviamente,
> por unanimidad.
> Pero había (y hay) un problema fundamental. El Comandante no estaba dispuesto
a
> quedarse como un consejero pasivo que ofrece sus recomendaciones humilde e
> incondicionalmente a sus herederos. Por otra parte, mientras gobernó, Castro
> jamás fue un líder dedicado a solucionar los problemas cotidianos de la
sociedad
> cubana -más bien los agravaba con iniciativas enloquecidas como dotar a cada
> familia con una vaca enana-, sino fue un héroe épico, gallardamente empeñado
en
> arreglar las injusticias del mundo, todas ellas derivadas, según su
diagnóstico,
> del desventurado capitalismo y del comportamiento malvado y codicioso de las
> potencias capitalistas encabezadas por Estados Unidos, el flagelo de la
especie
> humana.
> Como era previsible, de esa visión de sí mismo como un San Jorge tropical
derivó
> la misión que le asignó a su gobierno: luchar en todos los frentes contra su
> enemigo americano y el resto de los países que se opusieran a su cruzada. A lo
> largo de su prolongado paso por el poder, Fidel Castro envió sus ejércitos a
> África (1), incluida una larga guerra que duró quince años. Mandó una brigada
de
> tanques a las alturas del Golam para enfrentarse a Israel en la guerra de
1973,
> y, mientras pudo, colaboró con golpes de estado en lugares tan extraños como
> Zanzíbar y Yemen, al tiempo que adiestraba y remitía guerrillas, terroristas y
> conspiradores a veinte naciones, convirtiendo a Cuba en un incansable foco
> subversivo. Su lema era muy claro: "el deber de todo revolucionario era hacer
la
> revolución en cualquier lugar del mundo".
> ¿Qué le queda a Fidel Castro de aquellos sueños de conquista planetaria y de
su
> rol como temible factótum del tercer mundo? Le queda una construcción retórica
> basada en una lectura deliberadamente deformada de la realidad cubana. Según
el
> panglosiano discurso de este Fidel Castro terco y crepuscular, la sociedad
> cubana es un paradigmático modelo de educación, igualitarismo y salubridad, en
> el que una población esencialmente culta y satisfecha disfruta de las ventajas
> del sistema puesto en práctica por él a partir de 1959. Esa sociedad,
> fundamentalmente feliz, que no desea cambiar nada, que no necesita consumir
> porque está dotada de una gran fuerza espiritual, además, ha conseguido
resistir
> los embates del imperialismo norteamericano, se sobrepuso al "desmerengamiento"
> del bloque socialista, y hoy, llena de ilusiones, construye junto a Chávez el
> socialismo del siglo XXI para prolongar por otras vías la vieja batalla contra
> el imperialismo y sus podridos agentes y secuaces. Para Cast
> ro, pues, la lucha no ha terminado, y la Cuba que le quiere legar a sus
> herederos es la que él construyó pacientemente: la revolucionaria, deseosa de
> clonarse incesantemente, la heroica, la que jamás se rendirá ni bajará la
> guardia. Y, en consecuencia, aunque senil y enfundado en un ridículo atuendo
> deportivo, ése el mensaje con que tiñe cada una de sus intervenciones y
consejos
> sobre los asuntos de Estado que le llegan a su lecho de enfermo terminal:
¡hasta
> la victoria siempre!
>
> Raúl Castro o la lucidez inútil.
> Para su hermano Raúl esto es un problema grave. El general Raúl Castro es otro
> tipo de persona. Nunca tuvo el menor inconveniente en darle un balazo en la
> cabeza a un adversario molesto, y jamás le quitó el sueño encerrar a un
enemigo
> en una celda espantosa durante varias décadas (como hizo con Mario Chanes y
> Huber Matos, sus compañeros de lucha), pero es una persona realista. Fidel lo
> arrastró a todas las aventuras que le pasaron por la cabeza -el ataque al
> Moncada, la Sierra Maestra, la conquista de África-, pero él no es su hermano,
y
> su sentido común y su experiencia le dejan ver con toda claridad que su papel
> como gobernante no consiste en enderezar los torcidos destinos de la
humanidad,
> sino lograr que la gente en Cuba pueda tomarse un vaso de leche después de
> sobrepasar la edad de los siete años, peligrosa frontera a partir de la cual
la
> desnutrición parece que está oficialmente autorizada en el país.
> En efecto: cuando Raúl Castro mira la realidad cubana, al contrario de su
> hermano, lo que ve es una sociedad miserable, en la que abunda la
prostitución,
> y en la que casi todas las personas practican el comercio ilícito o el robo
para
> sobrevivir, con graves dificultades para alimentarse o transportarse, hacinada
> en unas humildes casas despintadas, llenas de goteras y mal iluminadas, que
> literalmente se están cayendo a pedazos, en las que la electricidad y el agua
> potable son intermitentes. Raúl Castro sabe que el sistema económico es
> sádicamente improductivo, que los cubanos perciben como una cruel estafa que
les
> paguen en una moneda devaluada con la que no pueden comprar nada que valga la
> pena. No ignora que el nivel de infelicidad y desdicha de la población es
> altísimo, que los jóvenes sólo añoran largarse del país, y que todos viven
> fingiendo cínicamente unas devociones políticas que realmente no sienten
porque
> las condiciones de vida materiales son espantosas.
> Por otra parte, Raúl Castro, supongo que embargado por la melancolía, tampoco
> desconoce que esa sórdida realidad material -parece que no toma demasiado en
> cuenta la emocional-, que no deja espacio a la esperanza, se alivia con
medidas
> extraídas de la economía de mercado: suprimiendo el clientelismo y los
> subsidios, liquidando la esquizofrenia de las dos monedas, descentralizando y
> desideologizando la toma de decisiones, reintroduciendo los derechos de
> propiedad, aceptando la lógica de los precios, permitiendo que los cubanos
> pongan en marcha empresas privadas, otorgando incentivos de acuerdo con
> resultados, liquidando el igualitarismo y el paternalismo estatal, dos formas
> letales de corromper a la población, abriéndose realmente al mercado y a las
> inversiones extranjeras, aligerando la decrépita, ociosa y lenta burocracia, y
> poniendo fin al permanente estado de hostilidad entre la Isla y Estados
Unidos,
> el socio natural que tiene Cuba para despegar económicamente en un periodo
rela
> tivamente breve. Es verdad que todo eso significa el entierro sin gloria de la
> revolución, pero si la realidad es profunda y testarudamente
contrarrevolucionar
> ia, oponerse a ella no es otra cosa que dogmatismo, estupidez y voluntarismo,
> precisamente las actitudes que han hundido al país en la miseria y se han
> convertido en las señas de identidad de lo que allí llaman, pomposamente, "el
> proceso revolucionario" .
> Raúl Castro, en fin, que es una persona inteligente, sabe lo que hay que hacer
> para comenzar a arreglar el inmenso desaguisado provocado por medio siglo de
> disparates comunistas sumados a las excentricidades de Fidel, pero, al mismo
> tiempo, se da cuenta, como se dan cuenta todos los cubanos, que sus objetivos
y
> los de su hermano son contradictorios. Fidel insiste en matar el dragón con su
> lanza. Raúl, además de retener el poder (su objetivo prioritario) , quiere que
> Cuba se convierta en un país normal y deje de ser una fracasada fábrica de
> utopías, sacrificios y frustraciones, aunque para ello tenga que ponerse de
> acuerdo con el dragón. Fidel Castro, tras su muerte, quiere dejarle a la
> humanidad el ejemplo de un país revolucionario que venció a todos sus enemigos
y
> le enseñó a la especie humana el rutilante camino de la felicidad. Raúl
Castro,
> tras su muerte, quiere dejar una sociedad razonablemente esperanzada, sin
> sobresaltos, capaz de transmitir la autoridad pacíficamente dentro
> de las estructuras partidistas, para que sus familiares y amigos no corran
> peligros innecesarios, y puedan, además, tomarse un vaso de leche aunque
tengan
> más de siete años de edad.
> Los reformistas silenciosos
> Raúl Castro, naturalmente, posee una correa de transmisión para ejercer el
mando
> y, al menos teóricamente, la columna vertebral de ese mecanismo es el Partido
> Comunista, de donde supuestamente son o deben ser segregadas y supervisadas
> todas las estructuras del poder. Sin embargo, en la experiencia cubana, a lo
> largo de medio siglo, ninguna de las instituciones oficiales ha jugado el
menor
> rol en el diseño de las directrices de gobierno. Cuba ha sido una autocracia,
un
> triste sultanato comunista regido por la más repetida de las consignas
> revolucionarias: "Comandante en Jefe, ordene". Allí ha mandado Fidel como le
ha
> dado la gana, sin contención ni control, y cada vez que surgió un foco de
> autoridad remotamente crítico -la microfracción dentro del Partido, Carlos
> Aldana dentro del gobierno, el general Arnoldo Ochoa dentro del ejército-, lo
ha
> cercenado de un tajo.
> Raúl heredó intacto ese poder, incluso con una variante que le favorece: él
> mismo controla directamente al gobierno, al partido comunista, a las fuerzas
> armadas y a los muy extendidos servicios secretos. No obstante, el talón de
> Aquiles de su régimen está en la sucesión: detrás de él no hay nadie. Él no
> tiene un Raúl que lo sustituya, como su hermano lo tenía a él. No existe en el
> país ninguna figura que aglutine al sector oficialista y al inmenso aparato
> estatal. Sus hombres de confianza -los generales Abelardo Colomé Ibarra y
Julio
> Casas Regueiro, y el Dr. José Ramón Machado Ventura- son unos viejos y oscuros
> aparatchicks, competentes y leales, necesariamente provisionales, dada la
> avanzada edad que tienen, cuestionados por algunas zonas de la estructura de
> poder y desconocidos por la población, dirigentes, en fin, que no pueden
contar
> con la obediencia del resto de las instituciones del país, y muy especialmente
> de la Asamblea Nacional del Poder Popular y de los sindicatos, dond
> e los parlamentarios, aunque hoy no se atrevan a abrir públicamente la boca
(en
> privado algunos sí lo hacen), están cansados de ser un afinado coro de
papagayos
> amaestrados, dedicado a cantar alabanzas a sus preclaros gobernantes, mientras
> los líderes sindicales se avergüenzan de ejercer, en realidad, como los
verdugos
> de las aspiraciones legítimas de los trabajadores.
> Por eso Raúl se propone reinstitucionalizar la revolución a toda marcha.
Quiere
> que, tras su desaparición de la escena -calcula que le quedan unos cuatro o
> cinco años de vida útil para cumplir con esa tarea-, el Partido, como en China
o
> en Vietnam, pueda asumir la dirección de la vida pública. Pero sucede que ese
> partido está, como todo el país, profundamente desmoralizado, ya no cree en
las
> premisas ideológicas del marxismo (como no cree en ellas el propio Raúl
Castro),
> y la inmensa mayoría de los cuadros y militantes desea cambios profundos que
> atentan contra la esencia del discurso revolucionario porque no excluyen la
> apertura política y el pluripartidismo.
> Eso se vio claramente en los miles de debates propiciados por el régimen a lo
> largo del año 2007: los militantes comunistas, o, simplemente,
revolucionarios,
> quieren libertades. Libertades para viajar, vivir de acuerdo con sus
> preferencias sexuales, informarse sin controles y manifestar sin miedo sus
> criterios. Quieren libertades para estudiar lo que desean y trabajar en lo que
> quieran, incluidas actividades productivas privadas. Están cansados de ser
> tratados como menores de edad o retardados mentales. Por primera vez, la
> tolerancia y la aceptación del derecho a la divergencia se hicieron
> transparentes como un deseo compartido por la ciudadanía, incluidos los
> comunistas. En el discurso públicamente pronunciado el 2 de abril del 2008 en
el
> Séptimo Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Eusebio
> Leal lo dijo sin ambages: el país se prepara para una nueva etapa. El país
está
> lleno de expectativas y todas se orientan hacia el deseo de una intensa
> ampliación del
> ámbito de las libertades individuales.
> Sencillamente, el grueso de la militancia comunista está compuesta por
> reformistas que ansían un cambio profundo y radical, totalmente alejado de la
> dictadura inmovilista que les quiere dejar Fidel Castro como herencia, y
también
> del exótico modelo chino o vietnamita con que Raúl Castro se entretiene
durante
> sus noches de insomnio.
> Los demócratas de la oposición
> Los demócratas de la oposición son el cuarto factor importante. Son varios
> millares dentro de Cuba, con unos doscientos cincuenta encarcelados -entre
ellos
> veinticinco periodistas independientes- , empeñados en revitalizar la abatida
> sociedad civil, esparcidos por las principales ciudades del país, aunque el
> núcleo más voluminoso está en La Habana. Cualquiera pudiera pensar que son
pocos
> para una población de más de once millones de habitantes, pero, con la
excepción
> de Polonia, Cuba es el país comunista con mayor número de opositores conocidos
y
> organizados. Algunos grupos y personas, incluso, han alcanzado una gran
> notoriedad internacional: las Damas de Blanco, las Bibliotecas Independientes,
> Oswaldo Payá, Martha Beatriz Roque, Oscar Elías Biscet, Héctor Maseda, Jorge
> Luis García Pérez ("Antúnez"), René Gómez Manzano, Vladimiro Roca, Oscar
> Espinosa Chepe y Elizardo Sánchez entre otros muchos.
> Lo que solicitan estos demócratas, y lo que se les niega mediante diversas
> formas de represión, incluidas la cárcel y las golpizas, es espacio para
> intercambiar ideas libremente, la posibilidad de hablar y publicar dentro del
> país, y la autorización para realizar actividades proselitistas. Aspiran,
> lógicamente, a participar en la vida política de la nación para poder alentar
> pacíficamente un proceso de transición hacia la democracia, pero hasta ahora
> sólo han conseguido una victoria parcial, aunque tremendamente importante: que
> el gobierno no haya podido aplastarlos ni silenciarlos totalmente, como
sucedía
> en las primeras dos décadas de la dictadura. Esta limitación de la represión,
en
> gran medida, se debe al reconocimiento internacional que han recibido los
> disidentes, apoyo que ha sido posible por las gestiones de los demócratas de
la
> oposición externa, muy activos y eficaces en Estados Unidos y Europa.
> La estrategia de la dictadura frente a los demócratas de la oposición interna
es
> la misma que el KGB desplegaba en la URSS frente a los opositores: primero,
> penetrarlos con decenas de agentes de la contrainteligencia, y, segundo,
> excluirlos de la vida pública mediante el manido expediente de calumniarlos y
> calificarlos como agentes pagados por los Estados Unidos para que traicionen a
> su país. En todo caso, no se trata de un argumento serio que realmente
preocupa
> a la población, sino de una coartada para justificar la marginación y las
> represalias. A partir de esa premisa, los demócratas, siempre al alcance de
una
> paliza o de la cárcel (2), no pueden participar como opositores en ninguna
> institución -sindicatos, organizaciones de masas, parlamentos, organizaciones
> estudiantiles o profesionales- , y les está vedada cualquier actividad
pública.
> La consecuencia de esta marginación es obvia: la capacidad real que tienen de
> impulsar la transición hacia la democracia es muy débil, pero, e
> n su momento, serán muy importantes cuando ese periodo se alcance.
>
> En cuanto a los demócratas de la oposición externa -que también suelen
enfrentar
> las campañas de calumnias orquestadas por la policía política cubana y sus
> colaboradores, a veces acompañadas por episodios de estridente vulgaridad y
> violencia-, están limitados a cinco tareas esenciales que suele realizar con
> cierta eficacia, pese a los limitados recursos que poseen:
> Denunciar internacionalmente los atropellos de la dictadura.
> Ayudar a los demócratas dentro de Cuba proporcionándoles aliento, recursos,
> análisis e informaciones.
> Generar apoyo internacional para respaldar el cambio.
> Impedir que el gobierno cubano pueda normalizar sus relaciones con Estados
> Unidos oEuropa sin antes amnistiar a los presos políticos y respetar los
> derechos humanos y civiles de los cubanos.
> Estudiar y explorar las mejores vías para lograr una transición exitosa cuando
> llegue el momento de los cambios.
> La triste mayoría silenciosa
> ¿Y qué papel desempeña el pueblo llano en todo esto? Quiero decir, los diez
> millones de personas que no forman parte del partido comunista, ni militan en
la
> oposición, ni son militares, agentes de la Seguridad o dirigentes medios del
> aparato administrativo: nada menos que esas nueve décimas partes del total del
> censo cubano que sobrevive como puede en medio de la vorágine nacional.
> En realidad, ese pueblo llano, hoy dotado de una mínima pulsión cívica, tiene
un
> escaso peso relativo. Ha aprendido a obedecer, aunque sólo sea aparentemente,
> como una forma de sobrevivir, adoptando lo que en Cuba llaman "la moral de la
> yagruma", una planta cuyas hojas tienen dos caras totalmente diferenciadas.
> Mientras en la intimidad de los hogares o con los amigos de confianza la
inmensa
> mayoría de ese pueblo llano critica en voz baja al gobierno, y lo califica de
> corrupto e incompetente, culpándolo de la miseria sin esperanzas que padece,
no
> obstante, aplaude si se lo piden, desfila y grita consignas si lo convocan, y
> hace la cruz en cualquier boleta electoral que le pongan en la mano, aunque
> carezca de la menor convicción revolucionaria. Lo hace con la actitud mecánica
y
> conformista, podrida por el oportunismo, de quien, para evitar males mayores,
> participa en un rito hipócrita vacío de cualquier contenido afectivo.
> ¿Sabemos lo que realmente desea ese pueblo? Sí, porque al menos ha habido dos
> encuestas imparciales (1), aunque celebradas en condiciones muy difíciles, y
> porque conocemos lo que pretende lograr cualquier población compuesta por
seres
> humanos normales. Los cubanos, simplemente, en el terreno estrictamente
> material, quieren vivir mejor (3). ¿Qué es eso? Sencillo: tener viviendas
> mínimamente habitables, alimentarse razonablemente y con comidas variadas,
poder
> tomar leche, comprar pan, huevos, carne o aceite sin racionamientos o precios
> prohibitivos, y adquirir zapatos o ropas sin tener que arruinarse. Las mujeres
> ambicionan cosas tan humildes como toallas sanitarias, ropa interior, sábanas,
> toallas, colchones, almohadas, pañales infantiles desechables, útiles de
cocina.
> Todos quieren tener libre acceso a papel higiénico, jabones, desodorantes.
> Anhelan poder arreglar y pintar sus viviendas sin tener que robarse los
> materiales. Sueñan con ciudades en las que las cucarachas y los ratone
> s no les disputen la vía pública a unos transeúntes que tienen que caminar
entre
> aceras y calles destrozadas, sorteando montones de basura hedionda y
pestilentes
> salideros de las alcantarillas. Quieren poder adquirir automóviles, y si no
> tienen dinero para ello, al menos poder contar con sistemas de transporte
> humanos, y no esos vehículos atestados por cientos de pasajeros sudorosos y
> disgustados por el tiempo perdido a la espera de unos autobuses que parece que
> no llegan nunca.
> ¿Qué hace el gobierno para mitigar las infinitas necesidades materiales de una
> población, en general, sin grupos sociales medios, que vive como los sectores
> pobres de América Latina? Hace dos cosas: o silencia las quejas y las
> deficiencias y reitera el cínico discurso contra el consumismo occidental, o
le
> entrega a la población dos sofismas políticos complementarios. Le dice (y ya
> nadie lo cree) que "la culpa es del bloqueo yanqui", y le asegura que, pese a
> los síntomas, los cubanos viven en el mejor de los mundos posibles, porque, si
> no fuera por la revolución, la sociedad padecería una miseria como la haitiana
y
> la población sería esclavizada por los norteamericanos o por los crueles
cubanos
> exiliados -la mafia de Miami- que regresarían cuchillo en mano a sojuzgar a
sus
> compatriotas y a echarlos de sus viviendas. Simultáneamente, una y otra vez el
> gobierno les recuerda a los cubanos que, también gracias a la revolución, hoy
el
> país cuenta con una masa notable de personas educadas
> y con acceso a un extendido (aunque muy precario) sistema de salud.
> El pueblo llano, ¿cree, realmente, estas patrañas? Probablemente no, pero, con
> toda seguridad, esas campañas propagandísticas, repetidas hasta el cansancio
por
> los medios de comunicación, sí han conseguido elevar el nivel de ansiedad de
la
> población (especialmente entre los mayores de 60 años) ante ese eventual
cambio
> de modelo económico que el país desea ardientemente, pero, al mismo tiempo,
> teme, porque su realidad material es muy endeble y carece de excedentes para
> afrontar lo desconocido con un mínimo de seguridad. Esa población, pues, sufre
> las consecuencias de un gobierno que ha sacrificado tres generaciones de
cubanos
> y ahora se dedica a envenenarle la posibilidad de un futuro mejor. Eso, en
> parte, explica su parálisis, pero, aún en la mayor incertidumbre, no hay duda
de
> que el pueblo llano anhela unas reformas profundas y definitivas que lo saquen
> de la miseria en la que vive.
>
> Hugo Chávez forma parte de la ecuación
> El venezolano Hugo Chávez también forma parte de la ecuación cubana. En
> diciembre del 2005 Carlos Lage dijo en Caracas que Cuba tenía dos presidentes,
> Hugo Chávez y Fidel Castro. Inmediatamente, y sin demasiada discreción, se
> crearon comisiones para comenzar a dar pasos en la dirección de confederar
ambos
> países ajustando sus legislaciones, pero tuvieron que abandonar esos planes
unos
> meses más tarde cuando el Comandante se enfermó. Ya nadie dice que Cuba tiene
> dos presidentes, Raúl Castro y Hugo Chávez, y mucho menos que Raúl Castro es
> también el presidente de Venezuela, pero las relaciones entre los dos países
son
> muy intensas y no hay duda de que gravitan sobre el futuro cubano.
> Como suele decirse en los guiones de los cómicos más socorridos, Chávez le
trae
> a Raúl Castro una noticia buena y otra mala. La buena son los algo más de cien
> mil barriles diarios de petróleo (que acaso le permiten reexportar a Cuba
entre
> quince y veinte mil), más los créditos para adquirir productos venezolanos.
> ¿Cuánto alcanza ese subsidio disfrazado de intercambio? Probablemente entre
tres
> y cuatro mil millones de dólares anuales, una cantidad inmensa si se toma en
> cuenta el tamaño de la economía venezolana y el escaso volumen de las
> exportaciones cubanas.
> ¿Por qué Chávez ha puesto la tesorería venezolana al alcance de las ilimitadas
> necesidades de la incompetente economía cubana? Porque la asociación con Cuba
le
> proporciona varios elementos clave para sostenerse en el poder:
> La colaboración muy eficaz de los servicios cubanos de inteligencia, que lo
> mantienen informado de lo que sucede en todos los niveles de la estructura del
> poder y de la oposición en Venezuela.
> Los médicos y personal sanitario cubano para las misiones, dedicados a
reclutar
> la clientela política del chavismo.
> La creación de un marco de apoyo internacional al chavismo forjado de acuerdo
> con la vieja técnica de orquestación mundial de la solidaridad revolucionaria
> que los cubanos aprendieron cuidadosamente de sus maestros soviéticos.
> Sin embargo, la mala noticia para Raúl Castro es que Chávez es el continuador
> del espasmo imperial tercermundista que afectó a Cuba durante medio siglo.
> Chávez y Fidel deliran en la misma frecuencia, padecen del mismo tipo de
> mesianismo, y entre el año 2002 y el 2004 ambos llegaron a la peregrina
> conclusión -esbozada por el canciller cubano Felipe Pérez Roque en Caracas en
> diciembre del 2005- de que el eje Habana-Caracas debía asumir paladinamente la
> defensa del "socialismo del siglo XXI" y reemplazar al Moscú decadente y
traidor
> que había abandonado el objetivo de liberar a la humanidad de las cadenas del
> opresor capitalismo occidental acaudillado por Estados Unidos.
> Así las cosas, al asumir la relación con Hugo Chávez, Raúl Castro obtiene, por
> una punta, como activos, los recursos que necesita para aliviar la situación
> económica del país, pero, por la otra, también debe afrontar un enorme pasivo:
> el costo que significa continuar atado a un proyecto político delirante,
> anacrónico y condenado al fracaso, que no es más que una nueva versión, menos
> sangrienta, del que consumió inútilmente las primeras cuatro décadas de la
> revolución cubana.
> Cuando muera Fidel -padre putativo de Chávez-, ¿qué va a pesar más en el ánimo
> de Raúl Castro, el suministrador de petróleo y créditos vitales, o el
generador
> de pleitos inútiles, abanderado de causas absurdas defendidas con ideas
> equivocadas? Cualquiera de las dos opciones tiene un alto costo y un peligro.
Si
> abandona a Chávez pierde ingentes cantidades de recursos y se expone a que los
> residuos del fidelismo nostálgico conspiren de la mano del venezolano. Si
> permanece encadenado al socialismo del siglo XXI y al guirigay tercermundista
> antioccidental, jamás conseguirá sacar a la Isla de la situación en que se
> encuentra postrada y no podrá legarles a los cubanos (ni a su familia y
> partidarios) un país sosegado y normal, como afirman que promete a su círculo
> más íntimo y sensato cuando les revela sus planes y visión de largo plazo.
> Estados Unidos: un asunto de política interna
> Qué duda cabe de que Estados Unidos es un elemento muy importante en el
> acontecer cubano. Así ha sido, al menos desde fines del siglo XVIII,
seguramente
> como consecuencia de la cercanía entre ambos países. En todo caso, lo probable
> es que la transición cubana comience a ocurrir durante el mandato del
> cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos, ya sea éste el demócrata
> Barack Obama o el republicano John McCain, lo que incrementa el peso de
> Washington en la actual circunstancia cubana.
> ¿Tiene mucha importancia que gobiernen los demócratas o los republicanos para
> las relaciones entre los dos países? Tal vez menos de lo que pueda suponerse.
La
> ley Torricelli, que endurecía el embargo, fue firmada en 1992 por el primer
> George Bush, republicano. Y la ley Helms-Burton, que lo endurecía aún más, fue
> firmada por el demócrata Bll Clinton en 1996. Durante la campaña electoral,
los
> dos candidatos ya han establecido sus vínculos con los grupos de exiliados y
lo
> probable es que en ningún caso se producirá un brusco viraje estratégico en el
> diseño de la política estadounidense hacia Cuba. Ninguno de los dos partidos
> siente la menor urgencia de modificar una política con la que han vivido casi
> medio siglo. Tanto demócratas como republicanos tienen un objetivo muy claro
> relacionado con el tema cubano: contentar a la mayoría de los votantes
> procedentes de esta etnia -algo muy importante en un estado como Florida,
ganado
> en el año 2000 por los republicanos por 586 votos-, y, si s
> e produjera otro episodio de tensión entre los dos países, evitar el éxodo
> masivo de cubanos hacia Estados Unidos.
> La medida para lograr el objetivo seducir a los votantes cubanoamericanos es
muy
> sencilla, como demuestran todas las encuestas: presentar una política de
firmeza
> frente al gobierno de los Castro, objetivo en el que ambos candidatos
coinciden
> en lo fundamental, aunque puedan discrepar en algunos detalles menores, como
> sucede con el de la frecuencia de los viajes de los cubanos residentes en
> Estados Unidos a la Isla. En todo caso, la visión de fondo de los policy
makers
> de los dos partidos también coincide en el diagnóstico sobre qué es lo que le
> conviene a Estados Unidos que suceda en Cuba: que se produzca una transición
> ordenada y pacífica hacia la democracia, y que la Isla genere suficientes
> riquezas para sostener a sus habitantes sin que tengan que recurrir a la
> emigración.
> Afortunadamente, ya son muy pocos los políticos norteamericanos que creen que
la
> mejor manera de defender los intereses de los Estados Unidos es contar con
> gobiernos de mano dura en el vecindario, lo que hoy los hace rechazar la
cínica
> proposición de aplaudir en Cuba el paso de una dictadura antiamericana a otra
> más o menos similar, pero con buenas relaciones con Washington, capaz de
> mantener un fuerte control sobre los cubanos para evitar la emigración
> clandestina a la Florida o el uso de la Isla como una plataforma para el envío
> de narcóticos a Estados Unidos.
> Una política de apaciguamiento y contemporizació n con una "dictadura
comunista
> buena" lo único que conseguiría sería aplazar el problema, no resolverlo. La
> lección aprendida a lo largo del siglo XX es que, precisamente, la estrategia
de
> pactar con "our son of a bitch" (Batista, Somoza, et al), fue lo que provocó
la
> posterior aparición de Castro en Cuba y del sandinismo en Nicaragua, y la
> causante de innumerables y legítimas críticas a Washington, aunque no deja de
> ser paradójico que la misma izquierda que antes criticaba a los
norteamericanos
> por tener buenas relaciones con las dictaduras de derecha, ahora los critica
por
> no querer tenerlas con las tiranías comunistas.
> ¿Qué haría Estados Unidos si Raúl Castro, o quienes le sucedan en el poder,
> intentaran movilizarse en dirección de un cambio real de sistema? Sin duda,
> ayudarían, tenderían la mano y favorecerían esta evolución. Harían lo que hizo
> Ronald Reagan cuando advirtió que Mijail Gorbachov se tomaba en serio la
> perestroika y el glasnost. Con bastante agilidad, el viejo actor convertido en
> presidente, quien llegó al poder decidido a enfrentarse al "eje del mal",
> desarrolló unas relaciones cordiales son su homólogo soviético, facilitando la
> distensión y las buenas relaciones entre los dos países, luego perfeccionadas
> durante la presidencia de George Bush (padre).
> En el caso de Cuba, con una economía tan pequeña y frágil como la que tiene el
> país, y dadas las implicaciones políticas internas que poseen los asuntos
> cubanos en Estados Unidos, no hay duda de que Washington levantaría el embargo
a
> corto plazo, proporcionarí a ayuda copiosa para encarrilar la transición, y
> buscaría el respaldo de otros grandes actores internacionales para facilitar
el
> paso hacia la democracia y la prosperidad. Obviamente, nada de esto tendría
> sentido si se prolonga la dictadura actual, o si el gobierno cubano trata de
> adaptar a la Isla el modelo chino o vietnamita para prorrogar la autoridad y
los
> privilegios de la clase dirigente. En ese caso, en Estados Unidos no existen
> incentivos razonables para contribuir a la consolidación de ese sistema, ni
> habría el menor estímulo por tratar de cambiar la política norteamericana
hacia
> Cuba.
> Nadie puede lograr sus objetivos
> La ironía del caso cubano es que ninguno de los factores principales de este
> drama puede lograr por sí solo sus objetivos.
> Fidel Castro no conseguirá, tras su muerte, la supervivencia de su régimen
> comunista dedicado a la lucha internacional contra Estados Unidos y el
> capitalismo occidental. Cuba, sencillamente, no puede seguir siendo una
reliquia
> de la guerra fría, dotada de una antiquísima visión soviética de las
relaciones
> internacionales. Cuba no puede ser, con carácter permanente, la excepción
> marxista-leninista en un planeta en el que esa opción dejó de tener vigencia.
> Raúl Castro no podrá transferir su inmenso poder al Partido Comunista,
fracasará
> en su intento de crear un mecanismo estable y predecible para transmitir la
> autoridad, y le será imposible calcar los modos de producción de China y
> Vietnam, generando con ello una terrible frustración en una sociedad que posee
> unas altísimas expectativas de mejorar sus formas de vida bajo su mandato.
> Los reformistas dentro del aparato de gobierno, aunque sean la inmensa
mayoría,
> no podrán controlar el poder y hacer los cambios que la sociedad desea para
> salir de la miseria y la incertidumbre en la que vive el país. Llevan
demasiado
> tiempo arrodillados y aplaudiendo y están dominados por la capacidad de
> intimidación de la cúpula dirigente.
> El pueblo llano -esos diez millones de cubanos de una población de algo más de
> once- tampoco es un factor del que podemos esperar una actuación
desencadenante
> de una verdadera transición. El estado anímico que prevalece en el país es una
> combinación entre la indiferencia, la desesperanza y el "sálvese el que
pueda",
> es decir, la receta perfecta para la parálisis colectiva. El pueblo llano
> aprendió a no creer en el gobierno ni en la oposición, y sospecha de todo
> discurso político y de toda construcción teórica. Su principal objetivo, tal
vez
> su único objetivo, es resolver, vivir mejor. Por eso, su norte suele ser,
> precisamente, el norte.
> Los demócratas de la oposición tienen un peso específico más moral que real.
El
> hecho de que no figuren en ninguna de las instituciones oficiales y de que les
> esté vedado el contacto con las masas, provoca que no puedan poner en marcha
> ningún proceso de cambios, aunque la labor que realizan y los inmensos
> sacrificios que hacen -en los que a veces pierden la vida- sí fomenta la
> atmósfera para que, en su momento, llegue la ansiada transición.
> Hugo Chávez no parece ser un factor destinado a una larga vida política en
> América Latina. Su peso internacional depende del precio del petróleo, no de
sus
> virtudes personales ni de su ejemplo como gobernante. La alianza que mantiene
> con los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua es muy precaria. Su propia
> autoridad sobre los venezolanos se debilita progresivamente, como se demostró
en
> el referéndum de diciembre de 2007. Las encuestas reflejan la existencia de un
> chavismo duro que apenas alcanza el 17% del censo, al que se suma otra zona de
> apoyo, más blanda, aproximadamente de las mismas proporciones: o sea, apenas
lo
> respalda un tercio de los venezolanos. Su sueño de convertir al eje Caracas-La
> Habana en el reemplazo de Moscú con el socialismo del siglo XXI se va
> desmoronando poco a poco. Chávez, además, no tiene influencia en Cuba. Es al
> revés: él es un prisionero-cliente de los muy eficaces servicios de
inteligencia
> que le proporciona el gobierno cubano.
>
> Estados Unidos tampoco tiene cómo acelerar los cambios en Cuba, pero, a la
> espera de la circunstancia propicia, lo más prudente sigue siendo mantener la
> estrategia de contención que ya le dio resultado durante la guerra fría frente
a
> la URSS:
> Ayudar a los demócratas de la oposición interna y externa, como en su momento
> hicieron con los disidentes del bloque del Este, para que no sean barridos por
> el aparato totalitario y puedan servir al país cuando llegue el momento de la
> transición.
> Mantener las transmisiones de Radio y TV Martí para que la población de la
Isla
> tenga acceso a informaciones objetivas sobre la realidad contemporánea frente
a
> la propaganda incesante del totalitarismo.
> Forjar lazos con la Unión Europea y Canadá para presentar un frente común ante
> la dictadura que presione en dirección de los cambios democráticos y el
respeto
> por los derechos humanos.
> Ofrecerles ayuda generosa a los cubanos para cuando llegue la "hora cero", de
> manera que la población pueda estar segura de que sus condiciones de vida van
a
> mejorar sustancialmente desde el momento en que comiencen los cambios.
> El desenlace
> ¿Cómo terminará la larga era del castrismo? Mi pronóstico es que, tras la
muerte
> de Fidel, Raúl Castro, o sus sucesores -dado que Raúl es un anciano de 77
años-,
> ante el continuado desastre material del país, ya sin legitimidad y carentes
del
> aura protectora que proporcionan los dictadores carismáticos -desde Franco a
> Trujillo, pasando por el paraguayo Stroessner-, como sucedió en Europa del
Este,
> y aún en la España post-franquista, se verán obligados a afrontar el
inapelable
> desmantelamiento de un sistema disparatado en el que ya nadie cree. En ese
> momento, quien ocupe el poder en La Habana tendrá ante sí dos opciones:
> La primera, abrir el juego democrático ampliando los márgenes de participación
a
> toda la sociedad, incluidos los demócratas de la oposición, como, grosso modo,
> ocurrió en Europa, aun a sabiendas de que a medio o largo plazo perderán el
> poder, aunque ya saben que hay vida después del comunismo, como se ha
comprobado
> hasta la saciedad.
> Y la segunda, hacer eso mismo, pero reservándose el control de las Fuerzas
> Armadas para tutelar el proceso de cambios, como garantía de que no se
> producirán revanchas, tal y como sucedió en Nicaragua tras la derrota de los
> sandinistas o en Chile cuando Pinochet perdió el referéndum.
> ¿Qué sucedería si no ocurre nada de esto y el gobierno opta por mantener el
> poder por la fuerza, en medio del descrédito del sistema y de la inconformidad
> casi total de la población? Tal vez, entonces el desenlace será violento e
> incontrolable. Un día, probablemente en los cuarteles, un grupo de hombres
> armados intentará iniciar a tiros los cambios que el gobierno, actuando
> irracional y cobardemente, se negaba a afrontar. A partir de ese momento,
> cualquier cosa podrá acaecer, incluido el temido y evitable baño de sangre que
> no se merecen los pobres cubanos tras tantas décadas de sufrimiento y
> frustraciones. Esperemos que, al menos por una vez, los cubanos actúen
> razonablemente.
> Texto relacionado:
> Entrevista a Carlos Alberto Monater "El cambio Invitable"
>
>
> Notas aclaratorias
> (1 ) Al Magreb en 1963 para combatir a Marruecos en su guerra contra Argelia;
a
> Angola en 1975 para consolidar a la facción pro-soviética tras la retirada de
> Portugal, y a Somalia, al Ogadén, en 1977 para ayudar a los comunistas etíopes
> dirigidos por Mengistu.
> (2) Lo que sigue es una nota de prensa transmitida desde La Habana por Martha
> Beatriz Roque Cabello el 28 de junio de 2008:
Golpizas, arrestos, pogromos, se intensifican en la capital cubana. Intento de opositores de
>manifestarse pacíficamente en "La palaza de la revolución" abortado violentamente por las
> fuerzas represivas con golpizas y detenciones. Antecedentes: Nota de Prensa
No.
> 20, donde se explicaba que de resultar un engaño la visita que le iban a dar a
> Iris Pérez Aguilera, continuarían la protesta en Ciudad de La Habana, por lo
que
> salieron de la prisión de Agüica en Colón, con destino a la capital un grupo
de
> disidentes formado por Jorge Luis García Pérez Antúnez, Iris Pérez Aguilera,
> Ernesto Medero Rozarena, Yunieski García López, Lázaro Alonso Román e Idania
> Yanes Contreras. Llegaron a la Habana sobre las 7 de la noche y comenzaron a
> deambular por las calles, se dividieron en dos partes. El plan que tenían era
> manifestarse en la Plaza de la Revolución a las 7am del día
> 27 de junio, acompañados de otras personas de provincia, de las cuales algunas
> llegaron y fueron detenidas, y otras no pudieron llegar. En total están
> involucrados en los hechos, 25 personas que se han podido detectar con sus
> nombres. Cerca de las dos de la madrugada fueron detenidos en la intersección
de
> Ayestarán, Infanta y Carlos III. Se encontraban Iris Pérez Aguilera, Jorge
Luis
> García Pérez Antúnez, Yuniesky García López, Alcides Rivera Rodríguez,
Guillermo
> Fariñas Hernández, e Idania Yanes Contreras. Estaban rodeados; contaron 14
motos
> y 18 automóviles y detectaron un pequeño ómnibus blanco, marca Mercede Benz
con
> un rótulo del Palacio de las Convenciones que los estaba filmando. De un auto
> marca Citroen color vino, chapa HDA975, se bajaron varios oficiales, entre
ellos
> una mujer y les dijeron que estaban detenidos. Antúnez les preguntó qué cuál
> delito estaban cometiendo para ser detenidos, que no estaban haciendo nada,
que
> si por las calles de Cuba no se podía caminar. Se a
> balanzaron sobre ellos y al primero que le dieron y le hicieron llave fue a
> Yunieski García López, que de una bofetada le partieron la boca. A los gritos
de
> ¡Asesinos! de las mujeres, dos oficiales vestidos de verde olivo, les taparon
la
> boca. El grupo salió del lugar en seis carros, un disidente en cada auto,
> hicieron varias paradas y los redujeron a
> orden de un teniente coronel de la Seguridad del Estado, lo esposaron con las
> manos atrás y dos policías se le sentaron cada uno en un muslo. Le estaban
dando
> golpes y lo escupían, ninguno tenía puesto la chapilla. En Santa Isabel de las
> Lajas se le entumeció el lado izquierdo y le comenzó a dar dolor en el pecho y
> pararon para que una doctora que iba en la comitiva le tomara la presión y le
> pusieron una nitroglicerina debajo de la lengua. La doctora dio orden de que
se
> bajaran de encima de él, pero el teniente coronel llegó y les dijo: "No se
bajan
> nada, síganlo "apeñuncando" a ver si se muere. A
> Fariñas lo condujeron hacia la Seguridad del Estado y el resto fueron dejados
> cerca de sus casas. Por otro lado, dieron un Acto de Repudio en casa de
Belinda
> Salas Tápares sobre la 1 de la tarde y subieron a su casa 26 efectivos de la
> Seguridad del Estado con orden de registro y orden de detención para: Carlos
> Michael Morales Rodríguez, Fidel Rodríguez García, Freddie Joel Martín Fraga,
> José Alberto Ocaña Salcines, Ernesto Medero Arrozarena y a Belinda Salas
> Tápanes. Javier Sol Díaz junto con Lázaro Joaquín Alonso Román, están
> desaparecidos ya que desde las 7 de la mañana llamaron por teléfono a Belinda
> que iban para su casa y no llegaron. Hubo también detenciones alrededor de la
> casa de Martha Crespo, en calle 15, entre 10 y 12 en el Vedado. De allí un
grupo
> de disidentes salió a las 4 am de la mañana: Carlos Cordero, Amado Ruiz
Moreno,
> Blas Fortún Martínez y Ramón y Andrés de Colón, Matanzas, (se desconocen sus
> apellidos) Donaida Pérez Paseiro, Alicia Martínez Guevara, Alejandro
> Gabriel Martínez Martínez, Julio Columbié Batista y Jorge Prieto Rodríguez. De
> algunos de ellos se desconoce su paradero.
> (3) La última de esas encuestas fue realizada clandestinamente en abril de
2008,
> abarcó un universo de 587 personas, y la pagó el Instituto Republicano
> Internacional.
> (4) Una buena descripción de esa actitud aparece recogida en la siguiente
> crónica del corresponsal del diario español El País en La Habana: Mauricio
> Vicent, "Oficio para listos". El País, Madrid, 1 de julio 2008. En Pinar del
Río
> circulan alrededor de 450 camiones y furgonetas privadas que consumen diesel.
> Pero en esta provincia cubana, con una población de 730.000 habitantes, sólo
se
> venden 60 euros diarios de este combustible en la red de gasolineras del
Estado.
> El dato lo divulgó el 16 de junio el semanario Trabajadores junto a esta
tierna
> coletilla: "los especialistas razonan que detrás de esa gran incoherencia
puede
> haber delito".
> Un mes antes, el diario Granma ofreció una detallada información sobre la
crisis
> de la fábrica de conservas La Conchita. Fundada en 1937, en sus buenos tiempos
> La Conchita llegó a procesar 28 toneladas de tomate y 18 de guayaba por
campaña,
> pero de pronto los cubanos se enteraron de que la isla importaba coco de Sri
> Lanka, guayaba de Brasil y tomate de China. ¿La causa? La incapacidad de las
> empresas agrícolas estatales de suministrar a la industria del enlatado frutas
y
> verduras que en muchas ocasiones se pudren en los campos. En La Habana existen
> 12.000 contenedores de basura. Pero hacen falta 18.000. El problema es serio,
> pues cada año 1.000 de estos depósitos "quedan inutilizados" , decía Granma el
> 14 de abril. Una de las razones principales es que la gente roba las ruedas de
> los contenedores para hacer carretillas –en las ferreterías estatales no se
> comercializan ni carretillas ni este tipo de ruedas, y cuando se venden es a
> precios muy elevados -. El diario informó de que en
> los últimos meses han sido decomisadas "un grupo de estas carretillas" y que
"a
> sus dueños les fueron impuestas severas multas". Sólo con recuperar algunas de
> las noticias que divulga la controlada prensa oficial, uno puede hacer una
> radiografía bastante real de Cuba y de sus males "estructurales" y económicos.
A
> las informaciones sobre "desvío de recursos" y "faltantes" escandalosos - es
> decir, de robos -, se suman las de ineficiencias y dejadeces múltiples, junto
a
> otras curiosidades económicas.Por ejemplo, únicamente en Cuba existen
> 'profesiones' como la de "vendedor de jabas" o la de "menudero". En la isla
> llaman 'jabas' a las bolsas de plástico, y como en muchas tiendas estatales y
> agromercados no las hay, son legión los que venden las consabidas 'jabitas' a
> las puertas del establecimiento - en muchas ocasiones suministradas por los
> propios dependientes -, a un peso cubano la unidad. Lo publicaba Granma en su
> sección 'Cartas a la dirección' (16 de junio), y una semana más tard
> e, en la misma página otro cubano criticaba a los que se dedican a cambiar
> dinero 'menudo' en las paradas de guaguas con comisiones leoninas.
> Ocurre que el precio del pasaje de los autobuses chinos que ahora circulan por
> La Habana es de 40 centavos, pero como los chóferes no llevan cambio al
usuario
> que no tiene monedas no le queda más remedio que depositar en la alcancía el
> peso completo. Algún listo inventó el nuevo negocio: cambiar a pie de 'gua-gua'
> los billetes de peso por ochenta centavos en menudo, y así gana todo el mundo.
> En otro articulo titulado "Asedio a las torres", el diario Tribuna denunciaba
en
> marzo que "elementos inescrupulosos arremeten" contra las torres de alta
tensión
> para sustraer los angulares de hierro de su estructura. Dada la escasez de
estos
> materiales, estas piezas 'resuelven' a herreros y particulares, pero las
torres
> "canibaleadas' se debilitan y se teme un desastre. La columna "Acuse de
recibo",
> de José Alejandro Rodríguez, en el diario Juventud Rebelde, se ha convertido
en
> una página catártica, a la vez que un collage realista y demoledor de la
> situación a la que se ha llegado en Cuba deb
> ido al estatismo excesivo y la consabida burocracia. En febrero, Rodríguez
> cuenta el caso de un hombre al que se le rompen las gafas y acude a una óptica
> estatal. Hizo su buena cola, y cuando llegó su turno el dependiente le dijo:
'no
> se los puedo aceptar porque no están rotos'. La pata pendía de casi nada, pero
> de acuerdo con las orientaciones no se podían recibir. Entonces, el hombre le
> pidió los espejuelos al dependiente, les arranco de cuajo la canija pata, y le
> preguntó: ¿Ahora están en condiciones? ". El empleado asintió y "en cinco
> minutos se los arreglaron por sólo cinco pesos".
> En un programa radial, el teniente coronel de la policía Ángel Díaz dio a
> conocer la reciente "desarticulació n" de una fábrica clandestina de latas de
> leche condensada, uno de los muchos productos deficitarios en Cuba. El 17 de
> junio, Granma publicó que como parte de una "ofensiva contra las indisciplinas
> sociales" fueron cerrados en La Habana 13 talleres y 10 almacenes clandestinos
> en La Habana, en un operativo policial en el que "se incautaron 1.938 platos,
> 1.575 pozuelos, 2.049 pinzas para el cabello, así como maquinarias para la
> fabricación de objetos de plástico y aluminio". Fueron abiertos diez
expedientes
> judiciales por "actividad económica ilícita" y a 50 implicados se les impuso
> multas entre 500 y 200 pesos cubanos (entre unos 20 y 83 dólares). Un
economista
> cubano, al conocer la noticia, comentó: "no se pueden consentir las
> ilegalidades, pero alguien debería analizar porqué el Estado no es capaz de
> producir y resolver necesidades que los particulares resuelven con medios
> precarios. A esta gente, después de multarlos habría que condecorarlos y
> dejarles abrir una pequeña empresita".
> Las declaraciones críticas de importantes dirigentes del Gobierno o del
Partido
> Comunista de Cuba (
> son reveladoras de la situación real del país. El 8 de junio, al informar de
un
> encuentro del vicepresidente Carlos Lage con los presidentes de los 169
> municipales del país, Juventud Rebelde citaba estas palabras suyas al
referirse
> a la baja productividad y calidad de la construcción de viviendas: "la primera
> tarea de un jefe es que no le roben".Un día después, Granma informaba de una
> "asamblea de balance" del
> secretariado del Comité Central Maria del Carmen Concepción llamó a los
> militantes a trabajar "con urgencia" por lograr "resultados superiores en la
> economía", y pidió no repetir los "errores" del pasado. "O resolvemos los
> problemas, o destruimos la revolución que tanta sangre y sudar ha costado",
> dijo. En la misma asamblea fue destituido el máximo responsable del
> la provincia Habana, Iván Ordaz Curbelo, "por cometer errores e indisciplinas
> incompatibles con sus responsabilidades" . Al parecer, entre los "errores" de
> Curbelo figura alojar en una casa oficial en la playa a un familiar cercano,
> emigrado años antes a Estados Unidos, mientras estaba de visita en la isla.
Por
> supuesto, de esta versión no salió en la prensa ni una palabra. Pero ni falta
> que hacía; con lo que se publica, basta: ahí está, con datos oficiales, la
> magnitud del reto que tiene ante si la revolución y el gobierno de Raúl
Castro.
>
>
>
> * Carlos Alberto Montaner, escritor, periodista y analista político cubano,
> exiliado en España.
>
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