Toma de La Habana por los Ingleses
En la academia donde yo cursé mis estudios
elementales seis décadas atrás, la toma de La Habana por los ingleses –la
operación militar anfibia más importante en el Nuevo Mundo durante el siglo
XVIII- era el “plato fuerte” de historia al pasar al cuarto grado.
Aunque por
falta de textos simples y adaptados al nivel del grado, los alumnos, con el
esfuerzo propio de la corta edad , teníamos que copiar en libretas el
material histórico que la maestra nos dictaba. Cuatro o cinco hojas escritas a
mano nos parecía una enormidad , y aquello de los ingleses duraba casi
una semana.
Desconozco si entonces sucedía lo mismo
en el resto de las escuelas primarias privadas y públicas de Cuba, pero creo
que las clases de historia a lo largo del territorio nacional
dejaban mucho que desear. Por supuesto nunca nadie se atrevió a manipular
el legado del Apóstol José Martí y asociarlo a viles ambiciones personales ,tal
como lo ha hecho Fidel Castro.
Aunque recuerdo por ejemplo el énfasis hacia la
Revolución Francesa durante el segundo año de bachillerato. Algo exagerado y
fuera de la realidad .Con el tiempo leería sobre la farsa detrás de la toma de
la Bastilla - el asalto injustificado e instigado nada más y nada menos
que por el degenerado Marqués de Sade ,uno de los pocos prisioneros
en la fortaleza. Después bajo el lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” fue
tanto la furia y el exceso que Madame Roland en camino a la guillotina
llegó a exclamar “ ¡Oh libertad , cuantos crímenes se cometen en tu nombre!” Y
admito que en más de una ocasión no he podido evitar la comparación entre “la
canaille” francesa del gorro frigio y la chusma cubana pidiendo paredón.
Sin ínfulas de estratega ,pero basado en diarios de lo acontecido y dejando a un lado los imponderables, me inclino a pensar que la intención inglesa de invadir La Habana no tenía porque haber necesariamente concluido con una contundente derrota española..Para comenzar no era un secreto que Inglaterra ambicionaba la posesión de La Habana . Después de todo ya era una plaza fuerte vital, una ciudad mayor que New York y Boston, y también abundaban las razones comerciales. Por otra parte el Rey Carlos III de España al firmar el Pacto de Familia con su pariente Luis XV de Francia estaba seguro que la guerra con Inglaterra era inevitable, y lé avisó con suficiente anticipación al Gobernador de Cuba Juan de Prado Portocarrero sobre la posibilidad de un ataque inglés a la colonia.
Sin embargo Prado Portocarrero se ocupó de
intereses secundarios, descuidando entre otras cosas el reorganizar la
guarnición de La Habana y el encargo especial que recibiera: el comenzar a
fortificar sin pérdida de tiempo la altura de La Cabaña, verdadero “talón de
Aquiles” de la ciudad y desde donde podía ser sometida a cañonazos .Como si no
fuera suficiente ,luego que comenzaron las hostilidades, al no tener
conocimiento del estado de guerra entre Inglaterra y España , el indolente y
poco previsor gobernador confundió las naves invasoras frente a La Habana
con la flota española que pasaba por allá todos los años en aquella época
,y hasta desaprobó poner en alerta las tropas a su disposición.
Las medidas que se dictaron para defender La
Habana revelan que desde un principio entre los españoles reinaba
la contradicción y la ineptitud complicada por la escasez de los recursos.
Al no ser posible neutralizar la poderosa armada inglesa, en lo que a
vulnerabilidad se refiere el momento para comenzar a combatir la invasión
con los medios disponibles hubiera sido al desembarcar los “Red
Coats ”en Bacuranao. Es cierto
que la artillería de algunas fragatas inglesas
protegía la zona del desembarco, pero obviamente al llegar los primeros
destacamentos de infantería invasora a la playa esa cobertura de
fuego no podía continuar , y una carga de caballería española , aunque no
decisiva, hubiera causado gran desconcierto y un número considerable de bajas
al enemigo.
Entre algunos incidentes cabe mencionar el
caso del regidor de Guanabacoa José Antonio Gómez. El intrépido cubano- ya hoy
inmortalizado como Pepe Antonio- al frente de un grupo de irregulares
criollos realizó verdaderas hazañas en contra de los ingleses , solamente para
ser reprendido y destituido por el mando español cuando más útiles era sus servicios.
Luego de varias semanas de asedio y un número alarmante de bajas inglesas
debido a enfermedades tropicales, fué en La Cabaña donde se definió la
suerte de la invasión.
Al no haber en esa altura una resistencia efectiva en
contra de los ingleses, tal como había predecido Juan Bautista Antonelli al
construir el Castillo del Morro de nada valió la valiente tenacidad del Capitán
de Navío Luis de Velasco, el comandante de esa fortaleza.
Con la capitulación española en la práctica el
dominio inglés solamente abarcó La Habana y sus alrededores. Por primera vez la
ya mítica ciudad se abrió al comercio internacional y a otras relaciones,
que curiosamente me hacen evocar lo de “que Cuba se abra al mundo”,
inefectivamente proclamado hace pocos años por el Papa Juan Pablo II luego del
entendimiento entre la Curia Romana y el tirano cubano. Los habaneros nunca
aceptaron a los ingleses, aunque hubo alguna colaboración y hasta cuestiones de
faldas que dieron origen a los versos:”Las muchachas de La Habana no tienen
perdón de Dios. Y se van con los ingleses en los bocoyes de arroz “Pero meses
más tarde, con uno de los tantos tratados de paz firmados en Paris, Inglaterra
devolvió a España el territorio que había ocupado, recibiendo en cambio la
Florida.
En la muy pobre perspectiva de la historia que
se enseña en los Estados Unidos provocada por diversos intereses –el nivel
educacional promedio es de un sexto grado primario- la toma de La Habana por
los ingleses es algo desconocido. A pesar de la enorme influencia de las trece
colonias inglesas en ese capítulo de la denominada French and
Indian War. Una guerra que inspiró a Fenimore Cooper a escribir “El Ultimo de
los Mohicanos”, la popular novela basada en la pugna colonial en
América del Norte entre Inglaterra y Francia, aliada a España, y
con dos versiones fílmicas de Hollywood.
Como era de esperar un gran plan de
fortificaciones fué una de las consecuencias de la restauración del poder
español en La Habana, y finalmente la Fortaleza de La Cabaña se convirtió en
parte del panorama oriental de la bahía .Según la leyenda sus dimensiones
y costo exorbitante fueron motivos para que Carlos III tratara de
verla con un catalejo desde Madrid. Y de hecho aseguro que luego de haber
visitado diversas fortificaciones coloniales , desde San Felipe en Cartagena de
Indias hasta San Marcos en San Agustín de la Florida, no he visto nada
comparable a ese extenso y masivo recinto.
Para concluir durante la pasada década
un médico amigo en Miami llegó a mostrarme una maqueta-una columna blanca
con unos alambres de púa- con la que se pretendía honrar en Cuba a todos
los mártires del comunismo internacional una vez que finalizara la tiranía que
aún la oprime. Yo no vacilé ni un instante en sugerir que el lugar indicado
para erigir ese monumento era el Foso de los Laures de la Fortaleza de La
Cabaña, de triste recordación y epítome de toda la sangre cubana
derramada desde 1959
Cordialmente,
Alberto Gutiérrez Barbero