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Hundimiento del Submarino Alemán U-176

Adjunto la foto del Oficial quien llevó a cabo la Operación,

AlfFrag. Mario Ramírez Delgado.

Honor a quien honor merece.

Un saludo de Lázaro Ernesto Flores.

AlfFrag Mario Ramírez

CAZA SUBMARINOS CUBANO DE MADERA HUNDE SUBMARINO ALEMÁN


PorGustavo Placer Cervera
 Fotos: Copias de Archivo

Un caza submarinos de madera vence en desigual enfrentamiento a uno de los más novedosos modelos de sumergibles empleados por los alemanes en el Caribe. Es un pasaje poco conocido de la participación cubana en la Segunda Guerra Mundial que abre una interesante pregunta: ¿aún podrá ser hallado el U-176 en el fondo del mar?

El 15 de mayo de 1943, una escuadrilla de caza submarinos cubanos, integrada por el CS-11, el CS-13 y el CS-12, navegaba de Isabela de Sagua, en el Archipiélago de Sabana, hacia La Habana, escoltando a los mercantes Wanks, Hondureño, y Camagüey, cubano, ambos cargados de azúcar. Las tripulaciones se encontraban en máxima alerta. Poco antes de la salida se había recibido una comunicación que informaba de un submarino avistado en superficie, al norte de Matanzas. Los buques mercantes viajaban en línea de frente, separados unas 500 yardas, ocupando el Camagüey el flanco más cercano a la costa. La escolta navegaba a una distancia de unas 750-1000 yardas. Al frente iba el CS-12 seguido por el CS-11 –que llevaba a bordo al jefe de la escuadrilla– y, finalmente, el CS-13 ocupaba la retaguardia del convoy. A las 5:15 de la tarde, cuando las naves cruzaban frente a Cayo Mégano, apareció en el cielo un hidroavión estadounidense del tipo Kingfisher. El aparato realizó una picada y volando a baja altura describió dos círculos mientras coleteaba y apagaba y aceleraba el motor para señalar, de acuerdo con un código establecido, la presencia de un submarino enemigo. El jefe de la escuadrilla de caza submarinos ordenó entonces al comandante del CS-13, Alférez de Fragata Mario Ramírez Delgado, efectuar la exploración de la zona señalada por el avión.

Hace años, Ramírez relató al autor de estas líneas sus acciones en aquellos momentos. Una vez recibida la orden, el CS-13 puso proa al sitio indicado. Transcurridos unos minutos, los medios de detección hidroacústicos del caza submarinos tuvieron un contacto claro y preciso, a unas 900 yardas. Era el sumergible que maniobraba tratando de escapar. Se dio comienzo al ataque.

  El ataque

A la distancia apropiada, fueron lanzadas, por la popa del buque, tres bombas de profundidad, graduadas para que explotaran a 100, 150 y 250 pies, de acuerdo con la velocidad de inmersión calculada al submarino. Se detectaron nítidamente cuatro explosiones. La cuarta –debida probablemente al estallido por simpatía de una o más cabezas de combate de los torpedos del submarino–, fue tan contundente que el caza submarinos cubano sumergió en el mar toda su popa y entró agua por la escotilla del cuarto de máquinas.

En ese momento, los hidrófonos reportaron un sonido semejante al borboteo que hace un líquido al penetrar en un recipiente sumergido en él. Instantes después se escuchó un silbido que fue disminuyendo en intensidad lentamente. Eran indicios de que el sumergible había sido alcanzado. Para rematarlo, el caza submarinos arrojó otras dos bombas de profundidad, graduadas a 250 pies, y continuó la exploración.

Transcurridos unos minutos, se observó una mancha oscura en la superficie del agua. Desde las profundidades ascendía un chorro de una sustancia negra y viscosa que olía a petróleo. Ramírez ordenó que se recogiera una muestra de la sustancia como prueba del hundimiento. Se esperó un rato más y se continuó la exploración del área. Al no detectarse nada más, el caza submarinos se reintegró al convoy que, mientras tanto, había continuado su travesía.

Por razones no esclarecidas, el gobierno de Cuba en aquel entonces decidió mantener en secreto aquellos hechos. Hasta aquí, el relato que nos hiciera Mario Ramírez Delgado.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial y ser ocupados los archivos de la Marina alemana, se pudo conocer que la nave que estaba operando en esa región y cuyo contacto se había perdido por esos días era el U-176, mandado por kapitänleutenant Reiner Dierksen.

En 1946, Ramírez Delgado, ya ascendido a Alférez de Navío, fue condecorado con la medalla del Mérito Naval con distintivo rojo. Su éxito fue, además, reconocido por el contralmirante Samuel E. Morison, historiador oficial de la Marina de los Estados Unidos, en su obra History of U.S. Naval Operations in World War II en la que elogió también la destreza y eficiencia de los marinos cubanos.

 Notas Técnicas

Los CS eran pequeños buques de madera, de 83 pies de eslora (largo), 45 toneladas de desplazamiento y una tripulación de 12 hombres, con una velocidad máxima de 18 nudos. Estaban dotados de una pieza artillera de 20 milímetros y 8 bombas de profundidad de 325 libras. Habían sido cedidos a Cuba, en arriendo, por el gobierno de los Estados Unidos y sus tripulaciones habían recibido entrenamiento en ese país.

El U-176, al mando del capitán Reiner Dierksen, era un submarino del tipo IXC. Tenía algo más de 250 pies de eslora y 1 540 toneladas de desplazamiento. Podía alcanzar una velocidad de 18,2 nudos en superficie y 7,3 sumergido y estaba en capacidad de bajar hasta 755 pies. Cargaba 22 torpedos (otras fuentes indican 12) y 44 minas y llevaba un cañón y dos antiaéreas. El U-176 poseía una tripulación de 53 hombres, tres menos de su máxima capacidad. Todos perecieron. Había hundido 11 barcos con un peso total de 53 307 toneladas. Al terminar la guerra, las flotillas de sumergibles alemanes habían perdido tres de cada cuatro de sus integrantes. Fue el arma con mayores pérdidas.

  

UNA CITA CON EL DESTINO

Por Mario J. Byrne

 A veces la fatalidad, la suerte o el hado, reúne a personajes tan diferentes como los protagonistas de esta historia, quienes se enfrentaron brevemente en una lucha mortal en la que la tecnología fue el factor decisivo. Uno de ellos fue el cubano Mario Ramírez Delgado, Alférez de Fragata, oficial de la joven y minúscula Marina de Guerra de Cuba. Del otro lado estaba Reiner Dierksen, un oficial de treinta y cuatro años de edad, también miembro de una marina de guerra joven.

Esta última surgió de la victoria alemana en la mal llamada Guerra Franco–Prusiana de 1870 y de la consiguiente unificación del país teutónico bajo control de Prusia. El Imperio Alemán era más viejo que La República de Cuba por sólo unos cuarenta años. Es curioso señalar que la única acción naval ocurrida en esa contienda del siglo XIX tuvo lugar frente al litoral habanero, entre el aviso francés “Bouvet” y el cañonero alemán “Meteor” y terminó más o menos en un empate.

Leutnant Zur See Reiner Dierksen

Leutnant Zur See Reiner Dierksen

La Kriegsmarine (marina de guerra alemana) le había confiado a Dierksen, quien ostentaba el grado de “Leutnant Zur See” (teniente de navío) el mando del U-176 , un submarino del tipo IX-C, clase esta con la que se trató de sustituir a las muy exitosas unidades del tipo VII. Lo había construido la compañía A.G. Wesser, de Bremen y había entrado a prestar servicio en la Kriegsmarine en 1941, realizando su primera patrulla en julio de ese mismo año.

En su ultimo viaje, Dierksen zarpó del puerto francés de Lorient, base de la décima flotilla de submarinos alemanes, con órdenes de patrullar el norte de Cuba y el estrecho de la Florida. Su ultimo contacto físico con sus compatriotas lo tuvo al encontrarse, en el medio del Atlántico, con el U-155, al mando del capitán Piening, reconocido veterano submarinista, quien lo informó de la situación en los mares tropicales cercanos a Cuba y la Florida.

Mientras tanto, del lado cubano, también sucedían cosas importantes. Preocupados por lo anticuado de nuestras unidades navales, los Estados Unidos suministraron a Cuba siete cazasubmarinos de ochenta y tres pies de eslora , equipados con los mejores aparatos de detección de la época. Esto ocurrió en el mes de abril de 1943, más o menos al mismo tiempo que Dierksen le decía adiós a las costas de Francia, lo que significa que Ramírez y sus colegas de la marina cubana aprendieron a usar los nuevos equipos con una velocidad pasmosa.

El trece de mayo de 1943, Dierksen tuvo un golpe de suerte. Frente a la costa norte de Cuba torpedeó un pequeño tanquero norteamericano, el “Nickeliner”, el que se hundió a sólo cinco millas de la costa. Casi en seguida envió al fondo a un barco cubano, el Mambí, lo que le valió el ascenso al rango de “Korvettenkapitan”, del cual nunca se enteraría, ya que sin que él estableciera contacto con el centro de control de los submarinos alemanes en el puerto francés de Saint-Nazaire, sus superiores, enterados de su victoria, lo habían premiado apropiadamente.

Los norteamericanos detectaron la presencia de un submarino enemigo en las aguas cercanas a Cuba y dieron la voz de alerta . La Marina de Guerra dispuso que no hubiera movimiento de barcos como no fuera integrando convoyes.

Dos días más tarde, el quince de mayo de 1943, un pequeño convoy zarpaba del puerto de Sagua con destino a La Habana. Estaba compuesto por los mercantes “Camaguey” y “Hanks”, este último de bandera hondureña y estaba escoltado por los cazasubmarinos cubanos CS-11, CS-22 y CS-13. El jefe de la división comandaba el CS-11. Ramírez estaba al mando del CS-13.

Aproximadamente a las cinco de la tarde y todavía a la vista del faro de Cayo Méganos, el convoy avistó un avión norteamericano, un Kingfisher basado en Cuba (OS2N) que acababa de lanzar una boya de humo. El piloto se acercó a los buques cubanos, movió las alas y regresó al punto donde había lanzado la boya. Estaba claro que había descubierto un sumergible, a unas quince millas del CS-13.

El comandante de la división de cazas dió la orden al CS-13 de que investigara lo ocurrido y cambió el rumbo del convoy hacia la más cercana bahía de Cárdenas. El CS-13 se dirigió al objetivo e hizo un contacto excelente mediante el “sonar” (nombre con que los norteamericanos habían bautizado al “asdic”, un invento inglés que consiste fundamentalmente en una onda acústica que se lanza hacia el fondo y que rebota cuando encuentra un objeto extraño). Indudablemente el sonar había detectado un submarino.

Informado de la distancia y del rumbo del enemigo por el sonar (y por el oído bien entrenado de su operador), Ramírez ordenó comenzar el ataque con bombas de profundidad graduadas para explotar a 100, 150 y 250 pies de profundidad. La primera y la segunda descarga explotaron normalmente, pero con la tercera se sintió otra explosión adicional. Lo sucedido era probablemente que, al explotar esta última carga demasiado cerca del casco del U-176, la concusión había provocado la explosión de uno de los torpedos del submarino.

Se recuperó el contacto acústico, pero el blanco ya no se movía. Los cubanos, después de la cuarta explosión (cuya columna de agua había casi inundado la popa del navío) escucharon un ruido raro, como el de un líquido llenando un recipiente (descripción del Alférez Ramírez) y finalmente un silbido que iba desapareciendo poco a poco. En la superficie apareció una gran mancha de aceite.

Para asegurar la victoria se lanzaron dos bombas más, con la espoleta graduada a 250 pies, pero en realidad no eran necesarias. El U-176 había terminado sus aventuras y Reiner Dierksen y su tripulación descansaban ya en su tumba acuática del Mar Caribe.

Dos apuntes finales del episodio fueron la incredulidad de los norteamericanos en ese momento, quienes reprocharon a los marinos cubanos abandonar con demasiada presteza el escenario de los hechos. Cambiaron de opinión cuando obtuvieron los archivos de la Kriegsmarine al capitular la Alemania nazi en 1945. El U-176 había perdido todo el contacto con su base y se le había dado por desaparecido en la posición y fecha donde el CS-13 lo había hundido y donde seguramente se encuentra todavía. Lo más interesante del caso es que el U-176 estaba en una posición ideal para emboscar un convoy norteamericano que se dirigiría al Pacífico a través del Canal de Panamá pocos días después y al que sin duda la acción agresiva del CS-13 salvara de una posible destrucción.

En octubre de 1946, en una emocionante ceremonia llevada a cabo en el Arsenal de Casa Blanca, el entonces Presidente de Cuba, Ramón Grau San Martín, le impuso a Ramírez Delgado y a todos los tripulantes del CS-13 la Orden del Mérito Naval con Distintivo Rojo. Distinción más que merecida. El historiador de la marina de los Estados Unidos, Almirante Samuel Elliott Morrison lo dijo bien claro en su libro “The Two Ocean War”: “Con la excepción del Canadá, nuestro aliado más valioso en la América del Norte fue Cuba”.

Esta fue la única verdadera victoria naval de un país de América Latina en la Segunda Guerra Mundial. Los otros casos fueron la captura de dos submarinos alemanes por la Armada Argentina al final de la contienda, pero los tripulantes alemanes estaban buscando a los argentinos para rendirse, con la esperanza de poder quedarse a vivir en ese país. Los argentinos por su parte tenían la esperanza de quedarse con los submarinos. Ni unos ni otros se salieron con la suya.

Un avión de la marina del Brasil hundió a un submarino alemán en la superficie con bombas convencionales, pero el submarino ya había sido averiado por un avión norteamericano y no podía sumergirse: se trataba de lo que en el argot marino se designa como “sitting duck”. El caso final tuvo algo de opera cómica.

El destructor “Caldas” de la Marina Colombiana, sorprendió a un submarino alemán en la superficie y le disparó un cañonazo que cayó corto. El submarino se sumergió y se vio una mancha de aceite. Se le dió por hundido y al capitán del “Caldas” le otorgaron la “Cruz de Boyacá”. Como se comprobaría al final de la guerra, la victoria no se materializó. Simplemente era un viejo truco de los comandantes de submarinos para hacerse los muertos.

Fort Lauderdale, 2 de octubre del 2007

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