Bandera de Cuba
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Memorias inexactas de un viaje de instrucción a bordo del Crucero "Cuba"

Date: Friday, 14 Sep 2007 09:57:39 -0400

El 13 de Febrero de 1959 fué un día más que comenzó en la Academia Naval del Mariel con la atmósfera enrarecida que se respiraba desde que semanas antes los "puros" habían tomado el mando. Unos eran moderados, y otros en presencia de guardiamarinas no vacilaban en demostrar que no lo eran. Ya a la Marina de Guerra se le había agregado lo de revolucionaria, y mientras "el paredón" continuaba en su apogeo, el entonces popular "Himno del 26 de Julio" anunciaba en todas las esquinas de Cuba una marcha hacia un ideal de "paz, prosperidad y libertad" (Nota del Webmaster: la paz, la prosperidad y la libertad jamás se consiguen encarcelando y asesinando a diestra y siniestra. El Pueblo de Cuba repitió el mismo comportamiento que tuvieron los "Voluntarios de La Habana" cuando el fusilamiento de los 8 Estudiantes de Medicina en el año de 1871).

  Aquella mañana los guardiamarinas de la Promoción XV fuimos destituídos en cumplimiento de la "ley de la Sierra". Paralelamente junto a algunos de mis compañeros, el 80 % de los alumnos mercantes de la  Promoción XVI y todos los guardiamarinas de la Promoción XVII fueron el blanco de un licenciamiento sumario basado en otros razonamientos de la Revolución. Al resto de la Promoción XV se nos ofreció la opción de finalizar parcialmente nuestros estudios en la anexa Academia de la Marina Mercante. Y de hecho pasamos a formar parte de una "sui generis" promoción en unión de algunos alumnos mercantes de la Promoción XVI que tampoco fueron licenciados. 

 Mi ímpetus en la Escuela de Guardiamarinas había disminuido desde 1958. La falta de entusiasmo ya también  extendida a lo revolucionario, aumentó con la depuración. No obstante era el principio del torbellino  y aún yo no discernía todo lo que le venía encima a Cuba. En un momento consideré renunciar tal como lo hicieron Juan Cosculluela y Pedro Hoyos, pero en definitiva opté por continuar como alumno mercante para obtener el título de piloto de altura. Bajo las circunstancias en aquel  momento  creo que el destituirme como guardiamarina fue lo mejor que pudo suceder. Jamás hubiera aceptado las condiciones de la Revolución para recibir el grado de alférez de fragata. El número aproximado de los que por galones hasta presenciaron o tomaron parte directa en ejecuciones no es un secreto.   

 En  el verano de 1959, al finalizar el semestre como alumnos mercantes, se nos informó que en pocos días embarcaríamos  en el crucero "Cuba" para realizar un viaje de instrucción alrededor del territorio nacional. El año anterior se había cancelado ese viaje a causa de la creciente crisis política, particularmente en la Provincia de Oriente. Y al ya  no ser guardiamarina, yo prefería navegar en un buque mercante.  

 Al día siguiente del 26 de Julio - la nueva fecha "patria"- los alumnos mercantes nos presentamos  en el "Cuba", atracado en el habanero Muelle de Paula y al mando del Alférez de Navío Pablo Alonso Concepción, si es que mal no recuerdo. El Teniente de Navío José Pírez , por entonces Director de la Academia de la Marina Mercante, nos acompañaba en función de oficial encargado. Pírez era uno de los "puros" moderados, y que yo sepa jamás nos demostró rencor ni odio. Creo que sin menoscabar  la disciplina siempre se mostró comprensible. Antes de zarpar  otro "puro" con grado de capitán de corbeta se dignó a dirigirnos unas palabras de despedida, mientras una foto  tomada para la dudosa posteridad dió fé de que entre Roberto González Medina , Hugo Ley y otros compañeros  me encontraba yo.

A causa de  diversas modificaciones el "Cuba" hacia popa ya tenía algunas características de yate privado. Por lo demás continuaba siendo un viejo  buque de guerra que, por varios años, antes de 1959, había estado relacionado a las actividades pesqueras del Dictador/Presidente Fulgencio Batista. Las dificultades del alojamiento a bordo fueron evidentes desde que nos asignaron a los camarotes disponibles y nos cambiamos del uniforme blanco al muy práctico azul mahón. Mientras la marinería y clases estaban concentradas hacia proa, un destacamento de futuros oficiales de infantería de marina con credenciales revolucionarios también se encontraba a bordo, y no había suficientes literas para todos . Razón por la cual durante  el viaje muchos dormimos en colchonetas desplegadas en la cubierta principal cerca de las mangueras de aire al cuarto de máquinas, bajo las balleneras, etc.haciendo caso omiso del hollín de la chimenea y expuestos a varios chubascos nocturnos que nos hicieron correr en busca de refugio, pero con el beneficio de la agradable brisa marina nocturna del verano.

Nuestro primer almuerzo en el "Cuba" fue en el comedor de oficiales. Después nos transfirieron al comedor de la marinería situado debajo del puente de mando. Nada de importancia a primera vista. Excepto que  contrario a lo que sucedía en la Academia Naval  el rancho era poco y malo. Invariablemente nuestro desayuno a bordo del crucero siempre  fue una taza de café con leche condensada aguada acompañada con dos galletas. Y por supuesto, al bautizar con el nombre de "triángulo de posición" al pedazo de tortilla  prevalente en las bandejas metálicas usadas para comer, demostramos nuestros recién adquiridos conocimientos de trigonometría esférica.

 A pocas horas del Castillo del Morro una avería mecánica fué reparada, y  el "Cuba" continuó hacia el Cabo de San Antonio, al extremo oeste de la Provincia de Pinar del Río, mi patria chica. A la vista del faro Roncali se cambió el rumbo  hasta fondear horas más tarde en la Ensenada de la Siguanea, Isla de Pinos. En aquel paraje desolado los alumnos mercantes practicamos la boga a pareles en dos balleneras. Debido a las limitaciones del crucero el no poder no bañarme desde que habíamos salido de La Habana comenzó a afectarme a la altura de los Jardines y Jardinillos. Tampoco dormía lo suficiente. De las 1200 hs hasta las 1600hs, y aún de las 2400hs hasta las 0400hs, el tiempo pasaba rápidamente junto a otros tres compañeros asignados a la misma guardia en el puente de mando. Sin embargo, todos los días a las 0600 hs a mi colchoneta llegaba el sobresaltante ruido de un altoparlante -" Son las seis de la mañana. Es hora de levantarse. ¡Diana! ¡Diana! ¡Diana!"-,recordándome que solamente había dormido dos horas después de haber estado de guardia , y que tendría que esperar hasta la próxima  puesta del sol para poder dormir otra vez. Una tarde  un bombardero B-26 de la Fuerza Aérea Revolucionaria apareció de repente, volando por unos segundos paralelo a nuestro rumbo obviamente para identificarnos. Después una simple marejada  en combinación con el consabido "triángulo de posición",  fué  la culminación de mis pesares durante aquel segmento del viaje. Afortunadamente  entramos en Cienfuegos al siguiente amanecer.

Al momento de lanzarse el primer jibilay del "Cuba " al Muelle Real, el Capitán de Corbeta Hermes Carballo, entonces Jefe del Distrito Naval del Sur, comenzó a dar órdenes desde allí -- de haber sido yo el comandante del crucero, megáfono en mano le hubiera recordado a Carballo quién estaba a cargo de la maniobra. Luego de atracar se conectaron las mangueras desde tierra  y hubo agua dulce en las duchas a bordo, al tiempo que Pírez mencionó las normas de conducta que debíamos mantener al bajar al muelle. La Perla del Sur , que ya conocía debido a viajes de vacaciones con mis padres desde mis años de bachillerato, una vez más  resultó ser una ciudad acogedora. Particularmente para mi compañero Oscar Gómez Orúe. No obstante el comienzo de un ambiente taciturno era notable en el Cienfuegos Yatch Club . En otro club social durante un fin de semana conocí a Omega, una simpática señorita de nombre tan singular, y que no tuvo inconveniente en ser mi pareja durante  dos sesiones bailables a pesar de yo ser un pésimo bailador. Una mañana la asistencia de los alumnos mercantes a la ceremonia frente al Colegio San Lorenzo en homenaje a los caídos durante la rebelión naval en Septiembre de 1957, era de esperarlo sorpresivo fué la visita del "puro" Capitán de Corbeta  Juan Castiñeiras, el entonces  Jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra Revolucionaria, al "Cuba". El nos recibió en la "cámara fría", un salón de estar al extremo de la popa, pero al menos yo no entendí el propósito de aquella breve reunión. La tarde antes de zarpar una recepción a bordo resultó ser un rotundo fracaso a causa de un prolongado aguacero.

Luego del  "Cuba" anclar a pocas millas de Júcaro, los alumnos mercantes desembarcamos en un islote cercano donde había la mayor cantidad de iguanas que jamás he visto. En el fondo marino abundaban los erizos, y quizás como balance natural de los tres elementos un número enorme de mosquitos volaban a nuestro alrededor. Para entonces yo estaba familiarizado  con el cuarto de derrota. Algo intrigante era el viejo equipo de sonar con una gran rueda, aunque nunca supe si funcionaba. La colección de tablas de navegación H.O. 214 que aún no sabía usar, tenía cierto misticismo. Sin embargo años más tarde mi preferida sería la H.O. 249. A bordo del "Cuba"  descubrí lo majestuoso de la costa sur de la Provincia de Oriente .Al entrar en Santiago de Cuba desde el Ciudamar Yatch Club  un grupo de señoritas santiagueras  nos dió la bienvenida a los alumnos mercantes , o más bien a Jorge Salcedo, oriundo de la ciudad. Ya atracado el crucero en el muelle de la Jefatura del Distrito Naval de Oriente, otra vez el Teniente de Navío Pírez nos recordó  el comportamiento a seguir en tierra: Básicamente no bebidas alcohólicas y no burdeles. No obstante, en aquella ciudad, que también conocía por haberla visitado con mis padres, algunos alumnos mercantes ignoramos las advertencias de Pírez y las pretensiones de moralidad revolucionaria. Edward Porro, con camisa de colores y pantalón reglamentario  llegó a sentarse  en el bar del concurrido Hotel Casa Granda con toda la soltura de un turista norteamericano. Desafortunadamente al ser detectado, él fué uno de los primeros confinados en el crucero  sin permiso de salida durante la estancia en puerto. Pero hubo un trío que logró evadir la patrulla de policía naval y no tuvo a menos entrar en una casa de baja reputación.

 Los alumnos mercantes participamos en una ceremonia honrando la memoria de Frank País en el cementerio de Santa Efigenia. Todavía José Martí, el Apóstol también enterrado en aquel cementerio, no era  "el actor intelectual del ataque al Moncada" y por supuesto fué olímpicamente ignorado. Lo mismo sucedió con Carlos Manuel de Céspedes, El Padre de la Patria. Hoy, mirando hacia atrás, entiendo mejor como la canallesca manipulación revolucionaria de nuestra historia  fué un proceso gradual. La invitación de la Barra Bacardí a los oficiales del "Cuba", a los aspirantes a oficiales de infantería de marina y a los alumnos mercantes resultó ser un evento agradable. Con la debida autorización bebimos moderadamente. Aquella tarde caminando por la calle Enramada conocí a una  típica  belleza santiaguera. Su nombre ya escapó de mi mente, pero a la noche siguiente al visitarla en la residencia de sus padres amablemente me brindaron una cerveza, que considerando el calor y la hipocresía de la momentánea "ley seca" revolucionaria me supo a gloria. 

 En Santiago de Cuba los alumnos mercantes teníamos que bañarnos como en una especie de maratón , a pesar del suministro constante de agua dulce a las cuatro duchas que nos habían asignado en el "Cuba" .Una tarde, mientras yo comenzaba a enjabonarme , y el brigadier de la promoción José Antonio Rodríguez Sosa llegaba a la línea de los que esperaban para bañarse , otro de mis compañeros en son de guasa expresó en voz alta que yo había estado mucho tiempo en la ducha. Inmediatamente Rodríguez me ordenó salir del baño y de nada valieron mis esfuerzos tratando de aclarar la realidad.

" ¡ Barbero , sále!"  pasó a ser el choteo de un coro , yo ignoré  lo que fué entonces un mandato conminatorio y continué bañándome por un largo rato. Por supuesto, en nombre de la disciplina la conclusión fué mi confinamiento al crucero sin permiso de salida a tierra. También pasé a formar parte de "los galeotes", el grupo considerable de alumnos mercantes penalizados por cuestiones baladíes, a quiénes se les ordenaba remar en las balleneras por sectores de la bahía. Durante los dos días que fuí "galeote" el rigor que se pretendía no tuvo gran efectividad, porque desembarcamos en una caleta distante del crucero donde había  un modesto bar - "Los Coquitos"-  con abundante cerveza fría. La recepción a bordo la última noche en puerto con la participación de un conjunto musical llamado “Los Taínos" fué un éxito. Y entre los que se divirtieron en grande estaba mi compañero Carlos Marqués.

 "Partimos en zafarrancho de combate porque hay dificultades con la República Dominicana”. Esa, más o menos fué la información que recibimos los alumnos mercantes cuando el "Cuba" zarpó de Santiago de Cuba -- al regresar a La Habana conoceríamos algunos detalles de la llamada "Conspiración Trujillista" ,y lo sucedido en la Sierra del Escambray . Aquella noche de guardia en el puente de mando cerca de la Punta de Maisí no descarté la posibilidad de una confrontación con un destructor dominicano, pero afortunadamente arribamos a Baracoa sin dificultad alguna. La Ciudad Primada, era más bien un pueblo grande a cuyo exotismo contribuían El Yunque y la exuberante vegetación que rodeaba la bahía .Aún hoy no encuentro explicación porqué a mi compañero Fernando Delgado y a mí nos ordenaron bajar en una guindola a limpiar un sector del casco del "Cuba”. No  había nada que limpiar, pero en cuestión de minutos la guindola cedió por el lado de Delgado y terminamos en el agua. 

Antilla fué el puerto donde el "arte culinario" a bordo del "Cuba" culminó al cocinarse un tasajo cuya peste llegaba hasta la popa, y que probablemente nadie se atrevió a comer. Entre otros, Francisco San Román, Ronald Cuza, Antonio Campelo y yo encontramos un pequeño restaurant lejos del crucero para compensar el inconveniente. A lado opuesto de la bahía los alumnos mercantes visitamos Preston y al central azucarero del mismo nombre, donde con orgullo revolucionario se nos mostró una especie de plataforma construída en el techo para vigilar las incursiones de avionetas "piratas" desde el norte. En Nuevitas , aún el primer puerto cubano exportador de azúcar, no sucedió nada memorable. Tampoco en Isabela de Sagua, luego de navegar a pocas millas de la segunda barrera de coral en el mundo y pasar el faro de Caimán Grande de Santa María . Cuando partimos  rumbo a Cárdenas una práctica de artillería por la tripulación regular del crucero coincidió con mi guardia de 1200 hs a 1600hs. En el momento que el cañón de 4" en proa y las baterías secundarias comenzaron a disparar se dañaron algunos fusibles en el cuarto de derrota por la vibración. También una de las puertas de madera hacia las alas del puente  saltó de las bisagras. El blanco era una lona levantada sobre unos bidones que tuvo que ser destruído a corta distancia por los cañones de 20 mm.

 La Barra Arrechabala fué el único lugar que los alumnos mercantes visitamos en La Ciudad Bandera. Más que una marcha, la caminata al distante cementerio local para una breve ceremonia en homenaje al líder estudiantil José Antonio Echevarría, fué una prueba de resistencia física bajo el sol  También en Varadero la peregrina idea de que participáramos en un desfile al ritmo de la banda de la  Escuela Progresiva fué algo absurdo e imposible de realizar. A pesar del ambiente festivo en aquella playa, cierta melancolía prevalecía en el Varadero Yatch Club. Un grupo de borrachos en el bar cantaba "Canción de Libertad", mientras que en uno de los corredores sentados en sillas de extensión se encontraban mis compañeros Enrique Rivera y Ángel González  quizás  a la espera de algunas jóvenes. El autorizar largos permisos de salida fué posible al estar el "Cuba" atracado en Cárdenas por varios días. Por supuesto Pírez nunca supo que luego de viajar una noche entera llegué hasta la ciudad de Pinar del Río, a muchos kilómetros de distancia del "Cuba" Finalmente la entrada del crucero en La Habana concluyó aquel viaje de instrucción.

 Dentro de pocos días regresaríamos a la Academia Naval para estudiar de una vez por todas las asignaturas necesarias para graduarnos. Durante los dos siguientes semestres mis dificultades con la nueva disciplina de la Escuela me costó mucho trabajo aceptarla debido a interpretaciones personales de la disciplina. En un final a todos los alumnos mercantes nos pondrían de patas en la calle.

Cordialmente, Alberto Gutiérrez Barbero.

 Referencias:

 "Mis memorias de estudiante" por Juan Cosculluela 

 "Historia de la Marina de Guerra Cubana" por Pelayo Balbis Torregrosa.

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