Bandera de Cuba
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Destrucción de la Historia de Cuba


La destrucción, tergiversación y plagios de nuestra historia llevada a cabo metódicamente por el actual Gobierno Comunista de Cuba es bien conocida por nosotros. Muy bien sabemos la falsificación de los records de estudios de la Academia y la destrucción de la Biblioteca de la Academia Naval ordenada por un imbécil cojo oriental.

Estos actos vandálicos no fueron únicos y como prueba lean el artículo que ven a continuación.

El triste destino de la Biblioteca del Congreso
By MIRIAM CELAYA sinevasion@desdecuba.com

Para comentar el tema al que quiero dedicar este post estoy obligada a hacer un poco de historia. En 1984 comencé a trabajar en el Departamento de la Arqueología del entonces Instituto de Ciencias Sociales (ICSO) de la Academia de Ciencias, en el Capitolio Nacional.

En aquella fecha éramos un numeroso colectivo de trabajo cuya misión fundamental era la investigación científica, al servicio de la cual existía una bien nutrida biblioteca, en el segundo piso del edificio, en el salón que en tiempos de la República ocupara la Biblioteca del Congreso. Es decir, la Biblioteca de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias era la feliz heredera de un fondo bibliográfico que atesoraba obras de enorme valor científico, histórico y cultural.

En la tranquilidad de la Biblioteca de Ciencias Sociales tuve la ocasión de consultar obras de la filosofía clásica universal, enciclopedias, diccionarios, libros de arte, muchas obras de los cronistas de Indias y ejemplares literarios raros que formaban parte del patrimonio científico acumulado desde los primeros años de la República y que se conservaron excepcionalmente a lo largo de los años, protegidos en la seguridad de sus estantes y en el cuidado de los especialistas. Pero he aquí que en un nefasto día el Destructor por Antonomasia puso sus ojos en la antigua Biblioteca del Congreso. ¡Oh, sacrilegio! ¿Cómo aquella colección había tenido la soberbia de mantenerse incólume y sobrevivir a su infinito poder? ¿Cómo, si en Birán no había existido jamás una biblioteca como aquella, el Capitolio se daba el lujo de exhibir con tamaña impudicia y vanidad las nefandas obras del pasado burgués decadente? Y recordando con admiración y envidia la quema de la Biblioteca de Alejandría y también las que realizaran las hordas fascistas en la Alemania nazi, entre otros pirómanos de la Historia, decidió destruir definitivamente la Biblioteca del Congreso.

Para ello tenía una brillante idea; tan brillante fue que encegueció a la Dra. Rosa Elena Simeón, a la sazón Ministra-Presidenta de la Academia de Ciencias, quien sin la menor vacilación la asumió con el mayor entusiasmo: en el lugar de la Biblioteca del Congreso y en otras áreas del Capitolio, se crearía la mayor biblioteca de ciencia y técnica de América Latina; se llamaría Biblioteca Nacional Científica y Tecnológica (BNCT), tendría la información más novedosa y extendería sus servicios -- más allá de científicos y especialistas -- a toda la población.

Eran los últimos meses de 1987 cuando vimos amontonados en el Salón de los Pasos Perdidos los viejos estantes de la Biblioteca del Congreso, y los libros expuestos a la voracidad de todos los que quisieran saquear las colecciones. No podré olvidar jamás el suelo, revueltos los libros por doquier en total desorden, arrojados inescrupulosamente por las hordas que seleccionaban los más raros para ser vendidos en las librerías de segunda mano. Todos fuimos instados a llevarnos los libros que quisiésemos o pudiésemos cargar. Con lágrimas en los ojos me había avisado una amiga, referencista de la Biblioteca, para que yo buscara también algunos ejemplares que pudieran interesarme y solo cuando subí a aquel inmenso salón comprendí su tristeza.

En julio de 1988 el flamante Comandante dejaba inaugurada la BNCT. Atrás quedaba la destrucción de la antigua biblioteca, así como de la que fuera la reproducción de la cueva de Punta del Este, con sus pictografías aborígenes perfectamente copiadas con cálculos matemáticos y patrones artísticos que habían realizado numerosos especialistas cubanos y extranjeros. Todo era sacrificable en aras del nuevo delirio. La prensa no publicó estos hechos, aunque sí orquestó la fanfarria de la inauguración.

Fue una burbuja de vida breve, porque toda idea que se basa en la destrucción está condenada al fracaso. Ese ha sido el signo de cada iniciativa del Orate. Pero resulta que recientemente el Capitolio ha pasado a formar parte del Patrimonio que queda bajo las obras de restauración del Historiador de la Ciudad. He sabido que, al final, también la BNCT ha caído en desgracia y debe abandonar sus actuales predios. Sus trabajadores se han visto obligados a descartar numerosos fondos que han debido colocar en cajas y, evidentemente, la BNCT no va a tener cabida nuevamente en el Capitolio una vez restaurado. Es así que la BNCT deberá preparar también su epitafio. En lo sucesivo pasará a formar parte de la larga lista de destrucción que ha dejado a su paso por la vida el Comandante de los Perversos Delirios.

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