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El accidente de la M/N "Guantánamo"

Montreal. Canadá.- Junio 1 del 2009
Distinguido Webmaster.


- He leído con atención la intervención del señor Orlando A. Rodríguez, quien fuera capitán de la marina cubana años atrás. Para comenzar mi respuesta a su brillante exposición, comenzaría por recordarle lo que hace un tiempo le manifesté en otro foro. Le dije que respetaba el derecho de cada cual a defender a sus amistades, e incluso, admiraba a las personas que procedían así. Creo que la lealtad deba ser una de las virtudes más dignas del ser humano, y bueno, si la defensa se realiza por parte de un hijo, pues hay que respetarla. Ese sentimiento de protección padre-hijo o viceversa siempre es aceptable aún cuando las causas no sean justas a consideración de los demás. ¿Qué quiero decir con esto? Que aún con pleno conocimiento de culpabilidad, un padre en el verdadero sentido de la palabra, nunca abandonará a un hijo en desgracia aunque este sea un criminal. En el sentido inverso puede suceder lo mismo, aunque con el paso del tiempo y la destrucción de la familia cubana, esos papeles de protectorado llegaron casi a desaparecer y padre e hijos terminaron de enemigos en muchos casos, para nadie es un secreto. Por tal razón no dejo de comprenderlo, pero eso no quiere decir sea una justificación para solidarizarme con usted, algo que tampoco me ha sido solicitado de su parte.

Creo, varios años antes de mi salida, su padre ocupaba el cargo de vice ministro de transporte, ¿me equivoco?, ¿hasta qué fecha ocupó ese puesto? Ahora no importa mucho. Imagino haya pasado de ese puesto al nivel superior en la fecha que usted menciona con la creación de ese ministerio, ¿es o no es así? Tampoco importa mucho en estos momentos, pero sí le adelanto algo y no acostumbro a andar por las ramas. Durante el tiempo que su padre ocupó esos cargos, al menos cuando yo estuve presente en la isla, se convirtió en una verdadera pesadilla para todos los marinos cubanos. ¿Sabe cuáles han sido los peores tiempos de la marina mercante? Dos a saber con nombres y apellidos, Guillermo García y su padre Romay. En varias oportunidades he manifestado que los hijos no deben cargar con los errores de los padres, le ratifico este criterio mío. Defiéndalo a capa y espada, es su deber y derecho, pero cuando se hable de la marina mercante cubana, siempre aparecerá el nombre de su padre como un recuerdo de algo terrible que nos pasó.

Le aclaro, señor, cuando hago mención de los capitanes, los llamo sencillamente “capitán”. Eso sí, los distingo de acuerdo al rol que desempeñaron en su vida de marino, su inteligencia, mediocridad, valor, honradez, cobardía, incompetencia. Vía de ascenso, que pueden ser muy variadas, unas veces acordes a su talento, experiencia, singladuras, sobornos, confiabilidad, militancia, incondicionalidad, favoritismo, lazos familiares, etc. Al bueno (de acuerdo a mi criterio) le llamo bueno y le rindo homenaje. Al malo (de acuerdo a mi criterio) le llamo hijoputa, ladrón, extremista, oportunista, degenerado, cobarde, incompetente, etc., de acuerdo al caso. ¡Ojo! Mi criterio es muy particular y no abarca la verdad absoluta, pero es muy mío y nadie lo hará cambiar a esta hora. En ningún caso, por un problema de respeto a la profesión, me escuchará decirle “capitancito” a alguien que llevara cuatro barras y un ancla sobre los hombros, lo invito a que busque.

De la misma manera que tengo “criterios propios”, no dejo de reconocer que como ser humano soy imperfecto y susceptible de cometer errores. Desde su punto de vista son “incongruencias”, así lo ha manifestado. Detengámonos y analicemos fríamente cada una de ellas. Puedo adelantarle y no trato de justificar nada, la capacidad interpretativa de cada persona es diferente. Lo mismo ocurre a la hora de expresarse, sobre todo, cuando las pasiones invaden el mensaje que se desea expresar. Si se fija en las oraciones que siguen a los nombres de Calero y Romay, hay un “pero” que no existe en los cargos que menciono más adelante. Tanto para uno u otro hay un espacio a la duda o suposición, no ocurre lo mismo con los otros, donde sí existe una acusación firme y no se encuentran antecedidos por un “pero”. Muy bien por su aporte, ya Mambisa había desaparecido y Calero se encontraba al frente de ese grupo de buques que usted menciona, aceptado. Capítulo aparte, las razones que justifican mi respeto, admiración y cariño por esa persona, pueden superar infinitamente las que usted pueda sentir por él, aunque lo conozca desde que fuera un niño. La parte concerniente a su padre ya la expresé con antelación.

Trae usted dos aportes interesantes, los nombres de quienes se encontraban directamente vinculados a la administración de esa nave, y casualmente, ambos tuvieron que ser llevados de urgencia al hospital cuando recibieron la noticia, ¿por qué?, preguntaría yo y agréguele a esa pregunta cierta dosis de ironía. O sea, ya tenemos a Expósito como Jefe de Operaciones y al gallego Meléndez como Jefe de Grupo. Como puede ver, hemos avanzado algo. Aquí debemos detenernos señor Orlando, ¿sabe por qué? Porque estos dos individuos sí se encontraban actualizados sobre el estado técnico del buque y muy bien pudieron ejercer presiones para que la nave zarpara en esas condiciones. No digo yo si les tiene que dar un ataque.

Queda pendiente el asunto de la comunicación, donde usted reduce drásticamente el espacio de silencio de 3-5 días, cuando las noticias de ese tiempo hablan de un tiempo superior. Expone usted, “se manejaba a niveles inferiores” la posibilidad de una deserción en masa y le pregunto, ¿no cree que es una súper hipótesis que resulta incoherente? ¡Vamos! ¿Iban a desertar en medio del mar? ¿Cuál es ese nivel inferior? Podemos seguir especulando por tiempo indefinido con estos valiosos argumentos, queda pendiente sin embargo lo concerniente a la comunicación de la desaparición del buque. No la puede dar el Jefe de Grupo, ni el de Operaciones, hay que elevarla al nivel superior, imagino que por ahí se encuentre su padre y la sigue elevando hasta que llegó arriba, al cielo. Indudablemente, todos los cargos intermedios se escapan de esa responsabilidad en un país donde el gobernante es el propietario de los barcos y las vidas de sus tripulantes. Pero, la parte referente a las condiciones técnicas, salpica por igual a todos los involucrados en esa aventura. Podemos argumentar ahora que toda la culpa correspondió al capitán, total, ya se encuentra a miles de metros bajo el mar. No deja de ser cierto hasta un punto, pero eso no le quita responsabilidad a los otros.

Lo invito a que convoque a todas las “luminarias” que existan en nuestro giro, llame a todos los poseídos, elegidos, Comodoros, Almirantes, Capitanes y cuanto personaje considere usted necesario para darle fortaleza a su exposición. ¿Sabe una cosa? Todos recorrerán el mismo camino de la hipótesis, suposiciones y especulación. Nada de lo que usted plantea, es debidamente inspeccionado antes de salir un buque. Es más, solo una vez me solicitaron los cálculos de estabilidad en una arribada por el Mariel. ¿Sabe por qué? Porque eran unos muchachos nuevos que estaban trabajando en ese puerto para “Seguridad para la Navegación”, nunca más me pidieron esos documentos. Y no voy a ir tan lejos, no recuerdo que capitán alguno con los que estuve navegando me los pidiera. Entonces, ¿de qué sirve todo eso que ha mencionado? Es muy probable que esos datos solo fueran de dominio del primer oficial de ese buque. ¿Hablamos en serio o convertimos esto en una metáfora?

El proceso de compra de un barco no es igual al de un auto, menos aún cuando se compran varios de ellos. Hay una comisión encargada de todos esos trámites desde antes de poner la quilla en el dique, estamos hablando de sesudos que supuestamente estudiaron todos los pro y contra. Estamos hablando de un equipo que viajaba al país de construcción, se hospedaba en buenos hoteles y durante cierto tiempo se mantenía al tanto de todo ese proceso. Después, se enviaba parte de la tripulación que seguiría el proceso de construcción y se adiestraría en el astillero. ¿Miento? El capitán del buque participaba con su tripulación en la prueba de mar, y por supuesto, sus opiniones eran siempre escuchadas. Un año después, esa nave regresaba a realizar la reparación de garantía y si tenían a un buen primer oficial y jefe de máquinas, ellos hacían una relación correcta de los defectos detectados durante la explotación para ser corregidas. ¿Cómo es posible que se venga a argumentar en el 95 y posterior al naufragio, que esos barcos tenían problemas de estabilidad, etc.? Yo visité el Guantánamo acabado de construir cuando no había arribado a Cuba, hablo del año 82, ¿estamos hablando en serio? En el caso de la compra de un barco de uso se procede más o menos igual, siempre habrá representantes del Armador y el Ministerio de Transporte que realizarán las inspecciones necesarias antes de proceder a la compra. No siempre resulta exitosa, hay varios ejemplos de fracasos en esas gestiones. Cuando eso sucede, el que paga no es otro que el pueblo. Ejemplos sobran.

No soy juez para determinar el grado de culpabilidad de cada uno de nosotros en todas estas desgracias, creo que la historia se encargará de situar a cada uno en el lugar que le corresponde. Para que eso suceda correctamente, esa historia debe ser narrada con todos sus defectos y ajena a prejuicios, no cabe la menor duda de ello. Llamar las cosas por su nombre, aún cuando podamos estar equivocados, siempre se toma como una agresión u ofensa. Está más que demostrado el altísimo grado de sensibilidad de los cubanos en este aspecto y creamos a nuestro alcance un campo de “intocables” que pretendemos sea el refugio o protección de nosotros, una especie de burbuja ajena al mundo real que nos tocó vivir. ¡Basta de engañarnos y pretender hacerlo con los demás! Castro no es solo el autor de esa catástrofe llamada Cuba, cada uno de nosotros tiene su grado de responsabilidad en esta tragedia. Sí, estoy muy de acuerdo que cualquier espacio sea dedicado a la unión y armonía entre cubanos. Para que eso sea efectivo, necesitaríamos entonces hablar de pelota o música y mandar la historia al carajo.

Hay otro detalle donde no cuadra la caja con el billete en tu manifiesto, me refiero a las declaraciones del sobreviviente. Las noticias de su tiempo publicaron como declaración suya que el hundimiento se produjo de noche. Ahora apareces con la noticia de que el hombre se encontraba en la proa midiendo la impedancia del “molinete de proa”. ¡Dios mío! ¿En medio de un mal tiempo? Me disculpas, pero está bien dura de digerir esa versión, ¿tenían programada alguna maniobra de atraque en medio del Atlántico?, ¿crees verdaderamente que se pueda confiar en su palabra a estas alturas del juego?

En fin, siempre se saca algo positivo cuando existen contradicciones, creo que la filosofía dice algo de esto. Esperemos ahora por la intervención de algunos de sus seleccionados para ver que pueden agregar y que no sean simples especulaciones.

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